17 octubre, 2021

2022 y el Castrochavismo

El año entrante es un año electoral y sé que como de costumbre todos estamos diciendo que las elecciones del 2022 son las más importantes de la historia. Realmente todas las elecciones son importantes, marcan directamente el futuro de los pueblos y permiten seleccionar las políticas y filosofías a seguir por un período determinado. Sin […]

El año entrante es un año electoral y sé que como de costumbre todos estamos diciendo que las elecciones del 2022 son las más importantes de la historia. Realmente todas las elecciones son importantes, marcan directamente el futuro de los pueblos y permiten seleccionar las políticas y filosofías a seguir por un período determinado.

Sin embargo, con la reacomodación de fichas luego del proceso de paz con las FARC, estas elecciones, como las del 2018, son clave. Algunas de las consecuencias lógicas de dicho proceso consisten en que la izquierda ya no se ve tan afectada por hechos de violencia causados por la guerrilla y eso, de manera importante, los favorece. Ellos lo saben y lo aprovechan. No en vano le apostaron a ese proceso a sabiendas de que había sido negado por una mayoría simple de colombianos y que, por ende, estaba herido de muerte. 

Lo han seguido defendiendo a pesar de que 5 años después de su firma los resultados distan mucho de lo que ellos mismos soñaron. No es culpa del actual Gobierno, es producto de un acuerdo mal hecho, mal llevado e impuesto con triquiñuelas como la del adefesio denominado “fast track”, que desconoció la estructura jurídica de Colombia, como la de la reducción al 13 % del censo electoral del umbral aprobatorio y lo peor, el total desconocimiento de que 53 mil colombianos más apoyamos el No y, por ende, rechazamos ese acuerdo. 

No por ser guerreristas, ni por pretender que Colombia no superara el conflicto. Pero lo votamos en contra porque sabíamos, y así lo expresamos en su momento, que se trataría a los verdaderos responsables de crímenes de lesa humanidad con impunidad, que llegarían al Congreso sin votos, que gozarían de una justicia transicional construida para favorecer sus intereses y no los de las víctimas y porque veíamos inverosímil que repararan los daños causados. Todo ello, tristemente, resultó cierto. El balance final es ese.

Ese proceso se firmó, como lo diría hace más de 20 años un expresidente que causó también un inmenso daño al país, “a espaldas” de Colombia. Corrieron a firmarlo de afán, a oscuras en el Teatro Colón, casi que en secreto, para cumplir con imposiciones para que el Nobel fuese una realidad. Un Nobel que no celebramos y del que no nos sentimos orgullosos. Un Nobel que desprestigió al premio y a quienes lo ganaron antes.

Ahora bien, volvamos a las elecciones del 2022. Seguramente volverán a enfrentarse 2 modelos: el de la izquierda, representada por un exguerrillero que como Gustavo Petro causó gran dolor en el pasado reciente al haber optado por la lucha armada, y la centro-derecha. Dos modelos totalmente opuestos, que conciben el papel del Estado de maneras muy diferentes y que pretenden una calidad de vida determinada para la población. Uno, que seguirá luchando por aumentar y mejorar las oportunidades para que cada vez más colombianos podamos crecer y salir adelante y la izquierda que busca homogeneizar la calidad de vida de las personas por lo bajo; todos iguales, igual de fregados.

El Gobierno Duque ha sido el mejor ejemplo de que la centro-derecha no fomenta la desigualdad ni desconoce la importancia de la inversión social en un país como el nuestro. Es el que más recursos ha destinado para mejorar ese tema. Necesitamos mostrar esos logros, hacer públicos esos números, especialmente para que quienes no han votado antes, los jóvenes, aterricen y conozcan el pasado que los mayores sí hemos vivido y sufrido. Ese pasado doloroso que a muchos nos marcó y que no olvidamos. 

Pues bien, no apoyaremos el ideario político de quienes causaron tanto daño a la sociedad colombiana, de quienes practicaron el secuestro, la toma de municipios, los collares bomba, las voladuras de oleoductos, de quienes  causaron tragedias como las de Bojayá, la toma del Palacio de Justicia, etc., etc., etc. No podemos hacerlo. Hablemos con los jóvenes, compartamos con ellos lo que vivió este país durante décadas, lo que hemos sufrido, las vidas que se han perdido, por el simple hecho de haber elegido la violencia como estrategia de lucha.

Adicionalmente hablémosles acerca de la vida en Cuba, en Venezuela, en Nicaragua, Argentina, de la existencia de la URSS, de lo que padeció la población de los países de la cortina de hierro, de China, Corea del Norte, de todos esos países en los que el autoritarismo gobernó o aún gobierna. 

Demostrémosles que el castro-chavismo sí existe, sencillo…