Vale la pena luchar por la paz

En nuestro país por la perfidia tan continua, los columnistas debemos ser muy cautelosos para opinar, si no, corremos el riesgo de quedar como un zapato. Sin embargo, prosigo con la esperanza de que no tendremos esta incómoda situación cuando logremos tener autoridad gubernamental diamantina, que depende de las personas elegidas en los debates electorales.

Este es el reto urgente que debe asumir y liderar la ciudadanía colombiana y no los politiqueros actuales que andan recogiendo firmas dizque para frenar la corrupción, que anualmente defrauda al erario estatal más de 50 billones de pesos, en contubernios entre políticos, funcionarios, intermediarios y contratistas.

Esta enorme cantidad de dinero revelada por los organismos de control, refleja la insensibilidad humana de los involucrados en complicidades inmorales por no decir criminales, si tenemos en cuenta el beneficio social que se ha dejado de materializar por el desvío del dinero destinado para la inversión en obras sociales en procura de bienestar colectivo a manos de unos arribistas, que en nuestro país nunca son castigados como en realidad lo merecen.
Pareciera que las informaciones a través de los distintos medios de comunicación, apenas fueran el iceberg de la corrupción reinante, en vista de que diariamente surgen escándalos por acontecimientos indebidos de quienes gobiernan el país. Esto es prueba irrefutable de que en nuestro país abunda el anarquismo en todo su territorio por falta de autoridad, por ende pocos respetan la legislación vigente y, lo más grave, tampoco quieren a su prójimo. Lo que genera conflictos perennes por los intereses individuales que ignoran la voluntad popular defensora del bienestar general.

Aunque ante la tan deplorable degradación humana de hoy día, algunos o muchos no solo son indolentes sino que la justifican como un fenómeno mundial; no obstante, los que no aceptamos las excitaciones, el populismo ni el radicalismo de ninguna índole seguiremos preconizando la justicia social, cuyo propósito primordial es la convivencia pacífica y por conseguirla vale la pena luchar sin descanso, sin perdonar a los que cometan acciones nocivas para la sociedad, quienes merecen las sanciones establecidas en las leyes aprobadas y/o emitidas por las instituciones y autoridades competentes.

PD: Mis sentidas condolencias a los familiares de Gustavo Cotes Medina, por su fallecimiento. Quiero destacar su excelente pensamiento en sus columnas de EL PILÓN sobre los beneficios económicos, políticos, sociales y culturales que conllevan vivir en paz. El recién fallecido fue hijo del profesor Gustavo Cotes, quien fuera mi profesor de Historia Patria en el Colegio Nacional Loperena. Este ilustre profesor fue muy amigo del también recién fallecido, Pepe Castro, a quienes en mi juventud, casi todos los días muy temprano los veía conversando amenamente en la terraza de la casa del profesor. Paz en la tumba de estos tres personajes, y a Dios le doy las gracias por todo lo que hicieron por Valledupar y la región.

Por José Romero Churio