Una tragedia sobre ruedas

Hernán José Mendoza Daza y sus dos hijos murieron bajo las llantas de un vehículo entre Valledupar y La Paz.

Los primeros rayos del sol fueron cómplices del infortunio sobre ruedas. La muerte tocó la puerta de una humilde vivienda en el barrio Villa Maruámake de Valledupar.
Una madrugada sedienta, un alba que acosaba con asomarse en el cerro Murillo, no amedrantó el llanto dibujado en tragedia para una familia que, en un abrir y cerrar de ojos, transformó la felicidad en un dolor incesante amortiguado en lágrimas de desdicha.
Marianella Mendoza tiene la mente intacta para recordar aquel suceso que acabó con la vida de su tío y dos de los hijos de este, momentos en que disfrutaban de su pasión: viajar en bicicleta de un lugar a otro. “Ellos salieron de la casa como a las cuatro de la mañana y una hora después me tocaron la puerta. Era Manuel Mendoza quien traía la mala noticia”, recordó la mujer.
“Mari…Marí, en Radio Guatapurí dijeron que tres ciclistas murieron arrollados antes de llegar al municipio de La Paz, uno está herido”. Palabras que nunca se le olvidarán a Marianella, después de que Manuel tocara con insistencia la puerta rústica y deteriorada de un humilde inmueble, en medio de las calles empedradas que pareciera rendirle tributo al entorno macondiano que describe García Márquez en ‘Cien Años de Soledad’.

Aquel 17 de agosto de 2003 quedó escrito en letras de tragedia para la familia Mendoza, un linaje sinónimo de ciclismo en todos los rincones de Valledupar. Ese día, Hernán José Mendoza Daza (padre), un mecánico y extrabajador de la Cooperativa de Lecheros del Cesar, Coolesar; Hernán Meyer Mendoza (hijo), estudiante en Uparsistem; Carlos Andrés Mendoza (hijo), estudiante del Instpecam y Simón Daza (sobrino), se movilizaban en bicicletas y antes de llegar a La Paz fueron embestidos por una camioneta, cuyos ocupantes venían de disfrutar de la Feria Ganadera.

El destino de los cuatro ‘escarabajos’ era el municipio de Manaure, donde celebrarían el cumpleaños de Sonia Ramírez, esposa de Hernán José Mendoza.

Sin embargo, lo que parecía un paseo familiar en medio del deleite de una fría madrugada, terminó en un dolor incesante, confundido en el calor pacífico que se envalentonó con la angustiosa noticia.

“Cuando nos avisaron de inmediato tomamos un taxi y llegamos al lugar. Ya habían recogido los cuerpos, ahí no más estaban las cuatro bicicletas convertidas en chatarra. Hernán Meyer llegó vivo al hospital de La Paz, pero murió a los pocos minutos, los otros tres fallecieron en el lugar de los hechos. Eso fue horrible, qué dolor tan grande para nuestra familia”, recordó la mujer, mientras mira un retrato colgado en la rústica pared, un recuerdo que saca lágrimas desbordadas en desaliento porque ahí están sus familiares, los mismos que viajaron a la eternidad y no precisamente en bicicleta.

Otro drama

No fue un dolor inédito para ellos porque en 2001, cuando todos los noticieros ganaban rating registrando la noticia del asesinato de ‘La Cacica’ Consuelo Araújo Noguera, la familia Mendoza lloraba la muerte de Jean Carlos, que murió al perder el control de su motocicleta e impactó con un bordillo en el barrio Divino Niño.

“Jean Carlos era uno de los mejores ciclistas de Valledupar, una promesa, un velocista con muchos pergaminos, lastimosamente murió, precisamente cuando celebraba el nacimiento de su hija”, recordó Alfonso Cárdenas, presidente del Club Nabusímaque y amigo de Jean Carlos Mendoza.

El drama en las carreteras para la familia Mendoza no paró ahí. El desamparo viaja con ellos y el absurdo riesgo es latente en cada pedalazo. El domingo anterior (cinco de noviembre de 2017) otro ciclista de la familia Mendoza fue embestido por un vehículo, esta vez en inmediaciones del corregimiento El Jabo, norte de Valledupar.

Antonio Mendoza Daza, quien solo sufrió fracturas en sus extremidades superiores y en el maxilar, tuvo que ser sometido a varias cirugías. Otra arremetida del destino oscuro contra el seno familiar de los Mendoza, pero en esta oportunidad la muerte perdió la batalla contra el hombre de 68 años.

También recuerdan el 8 de diciembre de 2015, cuando la muerte le coqueteó a otro de sus integrantes. Luigi Mendoza, una promesa del ciclismo vallenato se movilizaba en una motocicleta, en la que sufrió un aparatoso accidente cuando pasaba por el semáforo del estadio de béisbol ‘Erasmo Camacho Calamar’ de Valledupar.

Su testimonio es desgarrador. En su rostro están las cicatrices que evidencian su tragedia. “Yo venía de donde una amiga en el barrio Los Fundadores, eran como las 11:30 de la noche y la otra moto se voló la escuadra, me arrolló y quedé inconsciente, la cara me quedó desfigurada y estuve a punto de morir. Después me dijeron que la muchacha que iba de parrillera en el otro vehículo, murió”, recordó Luigi Mendoza.

Las cifras

El drama de la familia Mendoza evidencia los riesgos a los que se enfrentan los ciclistas cuando se movilizan por las vías rurales de Valledupar, sobre todo los fines de semana cuando muchos optan por participar de esta actividad sobre ruedas. Las autoridades deportivas calculan que diariamente más de 100 personas realizan este tipo de labores recreativas.

“En los últimos cinco años hemos contado alrededor de 10 accidentes que involucran a deportista y personas del común que tienen esta afición. Hay muchos más, pero a veces son leves y no son reportados. La vía a La Paz es una carretera rápida y angosta, por eso es peligrosa. La entrada a El Jabo también representa riesgos, sobre todo los fines de semana cuando muchos salen a caminar, manejar bicicleta o trotar”, advirtió Alfonso Cárdenas, quien reconoció que “las responsabilidades y las imprudencias son compartidas”.

Sobre el tema, el comandante de la Policía de Tránsito del Cesar, mayor Diego Mora, aseguró que “en estos momentos los índices de accidentalidad son muy bajos, escasamente atendemos uno o dos casos mensual, es recomendable que los ciclistas usen chalecos reflectivos, en lo posible la bicicleta debe llevar elementos luminosos o bombillos que permitan ser visibilizados en la carretera”.

Es tanto el auge de la bicicleta entre los vallenatos que es frecuente observar grupos de ciclistas que se desplazan por las vías rurales de Valledupar. Incluso, desde 2014 se disparó la venta de este vehículo y de alguna manera incentiva la dinámica económica en esas regiones. En la actualidad, clubes como MTB Chambones, MTB Queens, MTB Activos, MTB Correcaminos, MTB Coyotes y MTB Imparables promueven este tipo de actividades recreodeportivas.

 

El último ciclista que resultó muerto en el departamento del Cesar fue Dormel Benavides Oñate, cuando el pasado 8 de enero fue arrollado por un vehículo en el municipio de Codazzi.

Por Nibaldo Bustamante/EL PILÓN

 

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