Seamos amigos

“… pero os he llamado amigos, porque todas las cosas que oí de mi Padre os las he dado a conocer”. San Juan 15,15

Esta noche, estaré compartiendo en el auditorio Tzuriel, acerca del amor de la amistad y cómo llegar a ser los mejores amigos. Cuatro diferentes términos se traducen del griego como amor:

Eros, que es el amor de los sentidos. Storgio, que es el amor de la familia. Agape, que es el amor incondicional de Dios y Fileos, que es el amor de los amigos.

El amor filial es el que se siente por un amigo apreciado de cualquier sexo. Jesús tuvo esta clase de amor por Juan, su discípulo. Pedro, expresó su amor filial por Jesús cuando dijo: “Señor, tú sabes que te amo”. Jonatan y David fueron ligados por ese tipo de amor filial y el Padre ama a los creyentes en Cristo porque Jesús mismo nos ama.

Este amor filial es el que cuida y protege a los amigos. Desarrolla un afecto mutuo, simpatía y camaradería; cada uno se deleita en la compañía del otro y se cuidan y sostienen con cariño. Ninguna de las otras clases de amor, ofrece tanta seguridad como el amor filial. Es la amistad la que le da sentido a nuestra existencia. Alguien decía que, un amigo es aquel que nos conoce lo suficiente y aun así nos acepta y no se aleja.

Sin embargo, he observado que el amor filial está cada vez más lejano y ausente en las relaciones, los procesos de paz concertados no garantizan el beneficio de la amistad. El compartir es la llave que abre las emociones del amor filial. Proverbios sostiene que, para tener amigos tenemos que mostrarnos amistosos y eso implica no solamente compartir, sino también ser solidarios. Tres sencillos ingredientes son necesarios para cultivar la amistad: La camaradería, que implica confianza y familiaridad. El compañerismo, que significa afecto y permanecer juntos y la comunicación que literalmente significa interactuar como un compromiso activo.

Claramente, la amistad se tendrá que planificar; se tendrán que hallar maneras de compartir el tiempo significativamente y la solidaridad tendrá que envolver todas las circunstancias alrededor.

El hecho de llegar a ser un buen amigo puede resultar en uno de los proyectos más recompensadores de la vida. Un factor crítico en la amistad es la confianza. Las cualidades más valoradas en un amigo son: la capacidad para guardar confidencias, la lealtad y la cordialidad y afecto. Estas cualidades nos llevarán a un sentido de franqueza que reforzarán nuestra amistad.

Por otro lado, existen peligros como la traición de la confianza, o cuando comienzan a pasarse por alto necesidades y se produce un retroceso del amor filial. También la indiferencia hace que se pierda la afinidad y el deleite de compartir los espacios. Si la amistad se descuida, se desvanecerá.

Amados lectores, la amistad requiere atención, tiene que tener algo de que alimentarse y a lo cual responder. Cuidar, cual es la meta del amor filial, nunca ocurre de manera instantánea. Amistad es lo que hacemos por otros, lo que compartimos con alguien, lo que brindamos a los demás.

En un sentido más vertical, es necesaria la amistad con Dios. Es menester reconciliarnos con Dios; lo cual significa pasar de un estado de enemistad a un estado de amistad. Ya no somos siervos que no sabemos lo que hace nuestro Señor; ahora somos amigos porque conocemos la revelación del Padre.

La valida exhortación es, afianzar y fortalecer nuestra amistad con Dios y como resultado de esa amistad, poder darnos a la amistad con otros. Nuestros amigos requieren de cariño y comprensión. La carga de la vida misma es muy pesada, solos no podemos y los problemas nos desbordan. Pidamos a Dios que nos ayude y brindemos con generosidad nuestra amistad.

“Mejor son dos que uno, pues reciben mejor paga por su trabajo. Porque si caen, el uno levantará a su compañero…”. ¡Adelante pues, a amistarnos con Dios y a ofrecer lo mejor a nuestros amigos! Un amistoso abrazo en Cristo.

Por Valerio Mejía