“Para que se desnaturalice el acoso sexual falta todo”

Claudia Morales, periodista. Foto Cromos.

El pasado 19 enero la periodista Claudia Morales publicó en el diario El Espectador una columna de opinión titulada ‘Una defensa del silencio’, donde confesó que fue víctima de acoso sexual y de violación. Esta columna desató una andana de ataques por no decir quién fue el hombre que la acosó y abusó, pero también, y en mayor proporción, generó una serie de voces de apoyo a ella como víctima y a todas las mujeres víctimas del acoso y abuso que aún son dueñas de sus silencios.

Han pasado casi dos meses desde ese día, y hoy Claudia Morales habla de los saldos positivos que le ha dejado su confesión, uno de los más importantes fue la comunicación que entablaron con ella hombres y mujeres víctimas de abuso sexual: “Esas personas me confesaron su horror y dolor, y las que han querido, desde mis posibilidades, están empezando a recibir ayuda. Eso lo vale todo”.

En esta entrevista, Claudia Morales habla de la falta de empatía desde las mismas mujeres cuando se refiere a casos de acoso y abuso sexual, porque existe una agresividad incomprensible frente a sus pares víctimas. También de la ausencia de instituciones sólidas y de recursos, de los vacíos en la educación y por ahí derecho de la timidez de los padres para hablar del tema con sus hijos.

También envía un mensaje a las mujeres cesarenses para que tengan claro que la equidad de género se logrará cuando realmente comprendan lo grave que es la discriminación.

Claudia Morales hoy representa a muchas mujeres, por su fortaleza, su capacidad de sobreponerse a momentos duros. Es una víctima más de abuso sexual. ¿Cree que las mujeres tenemos la pelea perdida?

Desde la justicia, sí. Desde las posibilidades de cambio cultural, no. Si hiciéramos conciencia de la importancia de la educación de niños y niñas por igual, desde temprana edad, las futuras generaciones podrían beneficiarse de una realidad amable y amorosa, menos injusta y violenta.

¿Haber roto el silencio en qué le ha ayudado?
Una defensa del silencio, como titulé mi columna, atrajo hacía mi a muchos hombres y mujeres víctimas de violencia sexual. Esas personas me confesaron su horror y dolor, y las que han querido, desde mis posibilidades, están empezando a recibir ayuda. Eso lo vale todo.

¿Qué es lo más difícil de lo que debe lidiar frente a la impunidad de su caso?
Yo no hice una denuncia y por tanto no puedo hablar de impunidad. Hablemos mejor del 95 % de impunidad de mujeres, incluidas niñas, que sí denunciaron a su victimario y que nunca tuvieron respuesta de la justicia. Hablemos también de los hombres y niños que nunca se atreven a hablar por terror y vergüenza.

¿Qué tanto falta para que se desnaturalice el acoso sexual?
Falta todo y empezaría por la empatía. Desde las mismas mujeres, hay una agresividad incomprensible frente a sus pares víctimas. Hay ausencia de instituciones sólidas y de recursos, y desde la educación, cuando el exprocurador Ordoñez quitó la cátedra de sexualidad en primaria, volvimos a la Edad Media. Eso es muy peligroso. Y en el ámbito del hogar, seguimos viendo papás incapaces de hablar con sus hijos de estos temas.

¿Qué recomienda usted que debe trabajarse con los hombres y las mujeres respecto al abuso sexual?
Si se refiere a las mujeres y hombres víctimas de violencia sexual, un buen ejemplo de lo que es efectivo es lo que hace la campaña de mi colega Jineth Bedoya “No es hora de callar”. Si la pregunta es sobre quienes no han sufrido este delito atroz, mi respuesta es que hay adultos que nunca tendrán la capacidad de entender nada y ni de ser solidarios frente a ninguna tragedia. Paralelo a eso, también y por fortuna, está el universo de adultos solidarios y generosos con las víctimas. A ellos los invito a ser más proactivos en el entorno en el que se mueven.

¿Dónde reside en usted la paz, después de haber pasado por el abuso y acoso sexual?
En mis sueños y mi convicción de poder hacerlos realidad. En mi vida productiva para los demás. En mi esposo, mi hija, mi papá, amigos preciosos y hermanas que me ha ido regalando la vida.

¿Qué le hace falta al Estado para que agarre el toro por los cuernos en el tema de violencia contra la mujer?
El Estado tiene todas las herramientas desde la ley. Lo que necesitamos es funcionarios entrenados, comprometidos y a quienes les garanticen continuidad en sus trabajos. Y bueno, sin cambios culturales radicales, el Estado siempre estará atado de manos.

¿Qué opina de la afirmación que hacen muchas personas: que a Colombia le hace falta tener una mujer como presidente?
Que en este momento, en la baraja política que estamos viendo, no hay opción. No es sólo por ser mujer que se tiene el derecho. Colombia necesita una mujer libre, de avanzada, con capacidad transformadora. Cuando alguien así aparezca, tendrá mi voto.

¿Cree que Colombia es una nación machista?
Si, y también misógina.

El 8 de marzo se conmemoró el Día internacional de la mujer, ¿qué mensaje les manda a las mujeres del Cesar?
Mi mensaje es que no pierdan de vista que la equidad de género se alcanzará cuando realmente entendamos que es muy grave la discriminación y que son enormes los retos para lograr equidad para nosotras: conciencia de la educación que le damos a nuestros hijos, el empoderamiento económico, la participación política, hacer algo contundente contra la violencia sexual, fortalecer las instituciones dirigidas al género y lograr igualdad laboral y salarial.