Por la feliz iniciativa de la ya no joven, pero sí hermosa e inquieta doctora Belinda Blanco, esposa del también no joven pero lleno de vitalidad doctor Carlos Morón Cuello, conocí a la legendaria y aristocrática población de Santa Cruz de Mompox, a donde Belinda nos invitó a celebrarle a Carlos su cumpleaños, el 23 de julio pasado y como es lógico y frecuente en forma trivial y tribal nada más fue regar la voz y ¡pa Mompox!
En una nutrida caravana salimos a las 7:00 de la mañana, desayunamos como es costumbre en Aguasblancas con arepuela, pastelitos, arroz de pollo y arepa de huevo acompañado de una deliciosa chicha y un aromático tinto y de un solo a las once estábamos entrando, recorriendo una carretera buena, muy buena y regular en pequeños tramos que se están deteriorando.
Mompox es lo que yo pensaba, pero no como yo me lo imaginaba: un pueblo bonito, colonial y lleno de historia, pero descuidado, donde no han sabido aprovechar la gallina de huevos de oro que tienen para explotar y se han conformado con lo que hicieron los españoles hace ya 480 años y en vez de prosperar ha echado para atrás, al igual que los barranquilleros que hasta ahora descubren el río, le han dado la espalda al mar de agua dulce que tienen, su calle principal es una concha de retazos de pavimento de mala calidad, la Avenida de Las Albarradas, paralela al río es una vía sucia, destapada y fea, cuando desde hace años debería ser una belleza adoquinada con un boulevard bien arborizado y un río aprovechado con juegos náuticos e iluminación, aunque sea una bicicletica o unos neumáticos pintados, pero nada y nada es nada.





