San José de Oriente, el mirador de las Farc

El barrio El Mirador ofrece una espectacular panorámica del corregimiento San José de Oriente, en estribaciones de la Serranía del Perijá.

En los senderos montañosos del corregimiento de San José de Oriente, jurisdicción del municipio de La Paz, Cesar, todavía se percibe el miedo de los campesinos que fueron víctimas de la guerrilla, de paramilitares y de otros grupos armados.

Un viaje de 30 kilómetros por carretera, desde Valledupar, lleva a esta población cesarense de campesinos santandereanos. Se trata de un pueblo que nació de la violencia porque los primeros habitantes de ese territorio bañado por el río Chiriaimo llegaron desplazados por la guerra nacional que desató la muerte del caudillo liberal Jorge Eliécer Gaitán en Bogotá; es un pueblo que vivió la violencia debido a que los grupos armados que surgieron de la confrontación política se disputaron ese corredor estratégico para el tráfico de armas y drogas, debido a su cercanía con la frontera con Venezuela. Allí hubo Farc, Eln, Epl y paramilitares, pero la mayoría de muertes y el destierro que tuvo la Policía, durante más de dos décadas, son atribuidas a la subversión que ahora regresó en son de paz.

En San José de Oriente tratan de sobreponerse de la violencia, albergando una Zona Veredal Transitoria de Normalización, ZVTN, de las Farc, en la vereda Tierra Grata, ubicada a escasos 10 minutos del casco urbano, por trocha, donde alrededor de 200 guerrilleros dejarán las armas e iniciarán su proceso de reincorporación a la vida civil.

Para la gente no fue fácil aceptar de vecinos a quienes durante tanto tiempo fueron sus verdugos, pero la mayoría se resignó y prefiere guardar la esperanza de que los Acuerdos de Paz con las Farc concretados en La Habana, Cuba, ayudarán a materializar la paz. Así lo aseguró Deibi Montaño Rincón, actual coordinador de la Mesa de Víctimas del municipio de La Paz, quien vive en el cerro de la entrada al pueblo, el barrio El Mirador.

“En el 2004 fui desplazado, cuando San José de Oriente fue una zona donde mandaba las Farc, y posteriormente hubo una serie de asesinatos selectivos que provocaron un desplazamiento en todo el corregimiento hacia el municipio de La Paz y Valledupar, otros se devolvieron de donde eran oriundos, de los santanderes”, contó el líder de víctimas mientras observaba la hermosa panorámica que ofrece la terraza de su residencia; a la izquierda se aprecia el centro de San José de Oriente y a la derecha Betania, el barrio más grande y alejado del corregimiento.

Después de dos años de exilio él volvió, cuando en el gobierno del presidente Álvaro Uribe comenzó la política de seguridad democrática. En 2006 se reabrió la subestación de Policía y el Ejército aumentó su presencia en la zona fronteriza con el Batallón de Alta Montaña en la Serranía del Perijá.

“Era un pueblo fantasma, prácticamente. Hubo un retroceso económico en el tema de los cultivos de cebolla, que era una de nuestras fortalezas, fueron reemplazados por la amapola en su tiempo, cultivo que también murió”, recordó Montaño Rincón, quien además es el presidente de la Asociación de Desplazados de San José de Oriente, la cual surgió amparada en la Ley 387 de 1997, norma diseñada para adoptar las medidas para la prevención del desplazamiento forzado; la atención, protección, consolidación y estabilización socioeconómica de los desplazados por la violencia.

“La caracterización no ha arrojado un dato exacto, pero se dice que San José de Oriente tiene más de tres mil personas; el noventa por ciento de San José es víctima, más de 2.800 víctimas directas e indirectas”, agregó este hombre que como la mayoría de líderes sociales, que trabajan por los derechos humanos en Colombia, está amenazado de muerte.

“Desde el 6 de marzo hemos instalado unas denuncias en la Fiscalía por las amenazas de un grupo que se identifica como Eln. Toda mi familia se volvió a salir de la finca, ubicada en la parte alta de la Serranía y las amenazas directas eran contra mí, que la orden del comandante era asesinarme a mí”. Esta denuncia es conocida por la Misión de Apoyo al Proceso de Paz de la Organización de los Estados Americanos, Mapp- OEA, y el Ministerio del Interior, que le han ofrecido respaldo, pero él no deja de tener miedo y ha pensado en claudicar.

“Dijeron que simplemente venían a ocupar el puesto que había dejado las Farc, que venían entrando por el Catatumbo y que necesitaban unas colaboraciones, que iban a estar molestando. Que tenía que irme de San José de Oriente. Aquí tenemos que vivir con un chaleco antibalas todos los días y con las rondas policiacas; la Policía está aquí a las 5:00 de la mañana, para escoltarme a llevar a mi hijo al colegio e igual cuando voy a recogerlo. Ante todo esto piensa uno en retirarse, pero estamos esperando que las autoridades hagan lo pertinente para identificar realmente si detrás de las amenazas está el Eln o es delincuencia común”, complementó el representante de alrededor de 10 mil víctimas del municipio de La Paz, incluyendo las que llegaron de otras regiones, según la caracterización realizada a corte de octubre de 2016, proceso que avanza en un 50 %.

Mientras avanzan las investigaciones sobre las amenazas, Deibi sigue trabajando con el Programa de Naciones de Unidas, PNUD, que actualmente desarrolla la estrategia ‘Somos Rurales’, del Ministerio de Trabajo, que beneficia a 130 campesinos víctimas.

En el pueblo se percibe un ambiente seguro, pero con cierta incertidumbre; hay policías de civil, cerca de 20 uniformados en la subestación y a 11 kilómetros, en el cruce de San José de Oriente y Manaure, está ubicado un puesto de control con tropas del Batallón  de Combate Terrestre N°155, militares designados especialmente para la seguridad perimetral de la ZVTN.

Los moradores aún desconfían de la presencia de forasteros que llegan al pequeño pueblo de cultivadores de cacao y café, principales productos de la zona, que cuando no alcanzan a dinamizar la economía lo suficiente no le dejan otra opción a los campesinos que rebuscarse en el mototaxismo y oficios varios.

En Betania encontré a Flair Castilla, de 28 años, quien subsiste de la siembre de frijol, cilantro, maíz y cacao. Él asegura que cada vez hay menos campesinos en el pueblo.

“Lo que nos sostiene es el cacao porque mantiene precios más estables, pero en los demás lo que uno cosecha no le gana mucho porque están los precios bajos. Muchas veces uno tiene la tierra, pero no tiene la semilla y los demás insumos”, precisó.

Además aseguró que los que tienen la oportunidad de estudiar en otras latitudes solo vuelven de vacaciones y aunque han retornado los desplazados por la violencia, muchos de estos aún tienen miedo por la presencia de grupos armados en la parte alta de la Serranía del Perijá, en la frontera con Venezuela.

No obstante, hay negocios como peluquerías, almacenes, tiendas, cantinas, billares y una cooperativa de transporte, que no superan el músculo financiero que mueve la producción agrícola, pero ayudan a mantener la precaria economía local.

“Está es una dispensa agrícola que se caracteriza por ser una zona cafetera, donde tenemos 560 familias cafeteras. El café es la fuente de empleo más grande que tenemos, la única; genera unos ingresos adicionales en los meses de diciembre y enero, pero a principio de año siempre tenemos el problema que queda mucho desempleado”, complementó Manuel Vaca Arena, concejal del municipio de La Paz, elegido por sus paisanos de San José de Oriente.

Por las calles del pueblo, desde el año pasado circulan camionetas de alta gama pero no son de millonarios hacendados, pues nunca los ha habido en esta zona. Se trata de los miembros del Mecanismo de Monitoreo y Verificación de la Organización de las Naciones Unidas, que tiene su base cerca al pueblo y a diario circulan entre el barrio El Mirador y la vereda Tierra Grata, donde están alojados más de un centenar de guerrilleros.

Los controles de seguridad son tan estrictos que la semana anterior un circo quiso instalarse en el sector de El Mirador y no le fue concedido el permiso, porque colinda con la jurisdicción de la ZVTN y las autoridades no quieren correr riesgos.

Sin embargo, hay más esperanza que miedo porque el Gobierno ha puesto interés en fortalecer la producción agropecuaria en las zonas de influencia de las ZVTN. El 4 de marzo el viceministro de Agricultura estuvo en San José y se comprometió a impulsar proyectos en el corregimiento, por lo que el miércoles pasado llegaron funcionarios del Minagricultura, de la Agencia de Renovación de Territorio y la Agencia de Desarrollo Rural, se reunieron con 10 asociaciones campesinas con el objetivo de escuchar propuestas y en menos de un mes tener adjudicados los recursos para un proyecto productivo de esta zona.

Crisanto Sánchez, con su proyecto Rico Aroma es uno de los opcionados a recibir el apoyo del Gobierno. “Estamos trabajando como empresa desde el 2006, tenemos café y mantequilla que producimos con cultivos de aquí de San José de Oriente. Ahora generamos siete empleos y comercializamos en Valledupar, La Paz, San Diego, Chiriguaná, Bosconia y parte de La Guajira”, explicó el emprendedor.

Al interés del Gobierno se suman las oraciones de los devotos a San José, que este fin de semana realizan las tradicionales fiestas a su santo patrono. Las procesiones y las peleas de gallos a la orilla del río hacen parte del jolgorio que no pudo acallar la violencia, pero sí lo hizo el año pasado la falta de presupuesto que argumentó la recién elegida alcaldesa del municipio de La Paz, que este año se reivindicó con la comunidad.

San José de Oriente ya vive sin el cruento conflicto armado que lo azotó en otrora. “No faltan los problemas entre vecinos por quejas en la compra de animales y préstamo de dinero”, contó la inspectora (e) Johanis Rincón, un cargo que quedó cesante varios años, cuando el 9 de marzo de 1999 un grupo de hombres armados llegó al corregimiento y mató al inspector de policía, Ricardo Duarte Palencia, y a dos personas más. En 1993 también mataron a Iván Moreno, quien ostentaba ese cargo, cuando fue emboscado en el cementerio a su regreso del municipio de La Paz, que queda a 15 kilómetros.

En 1997 fue asesinado el concejal Evaristo Arenga y así otras personas que entraron a la lista de víctimas de un conflicto que está en su recta final. Ahora, en sectores como El Mirador, uno de los sitios emblemáticos del pueblo cafetero se espera que culmine con éxito el proceso de paz y así a este tesoro natural se le dé valor para convertirse en un destino turístico atractivo a nivel nacional e internacional.

“Aquí estábamos divididos, la mitad queríamos la zona veredal por los beneficios que íbamos a traer, pero había otros que decían que eso era un problema. Sin embargo, la gente se convenció de que los guerrilleros quieren acogerse al plan del Gobierno. Es mejor tener está gente trabajando, en la zona como campesinos, población civil y no tenerlos como grupo armado, haciéndole daño al pueblo”, agregó el concejal Manuel Vaca, quien ahora recorre tranquilo la carretera, de 15 kilómetros de placa huella y asfalto, que divide a San José del casco urbano de La Paz.

¿Corrupción en San José?

Desde El Mirador de San José se observa cuesta abajo un ‘elefante blanco’ que sobresale entre las casas del barrio Betania, al lado del colegio técnico agropecuario. Se trata del Parque del Café, cuya construcción fue adjudicada en el año 2014 con una inversión inicial de la Gobernación del Cesar de 2.871 millones de pesos, con un plazo de ejecución de ocho meses y hasta la fecha no se ha terminado. La comunidad cree que está obra poco aportará al desarrollo del corregimiento, porque es un polideportivo y ellos preferirían un parque temático sobre el grano que mueve la economía local, que sí despertaría el interés de los turistas.

“Esa obra ha tenido muchos retrasos, dicen que no alcanzó la plata, que no les pagaban a los trabajadores, pero están tratando de terminarla con el mismo contratista”, indicó el presidente de la Junta de Acción Comunal de San José de Oriente, Eliécer Pérez.

Otro contrato polémico fue el del puesto de salud, que fue cerrado por remodelación y las obras se extendieron por más de un año y medio. Durante ese tiempo el más mínimo requerimiento médico tenía que ser atendido en el Hospital Marino Zuleta del municipio de La Paz. La dilatada obra de remodelación apenas fue inaugurada este sábado.

En próximas ediciones, EL PILÓN publicará más historias de San José de Oriente, con detalles de la zona veredal de Tierra Grata y entrevista con el jefe guerrillero alias ‘Aldemar’.

 

Por Martín Elías Mendoza

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