Padilla fusilado por cachacos… los guajiros unos a los otros

“Allá fue donde nació ese gran hombre, se llamó José Prudencio Padilla, lo fusilaron y perdió su vida porque se amarró bien los pantalones, ese Almirante fue riohachero, luchó constante fue por su pueblo”.

En uno de sus usuales arranques de genialidad el ilustre molinero Armando Zabaleta Guevara hizo la canción titulada ‘Riohacha’, un cálido homenaje a la ciudad capital de La Guajira, contando su grata impresión después de visitarla un dos de febrero, ese tema musical del cual hemos transcrito un aparte preliminarmente fue una de las gratas sorpresas que nos regalaron los Hermanos Zuleta al incluirlo en el corte número tres del Lado B del LP titulado ‘Dinastía y folclor’, lanzado por la disquera CBS en el mes de noviembre de 1979.

El dos de octubre reciente pasado se conmemoraron los primeros 189 años del inmerecido fusilamiento del Almirante José Prudencio Padilla, acontecimiento poco destacado por los medios y la institucionalidad porque la gente ahora vive más pendiente de azuzar la guerra y hacerle el daño al otro, que en honrar la memoria de quienes entregaron el cuero y su vida para que las actuales generaciones no fueran de esclavos, por eso a veces pienso que Padilla nació en el lugar equivocado.

Su ejemplo de varón moralmente erguido, esclavo de sus convicciones y adalid del valor y la dignidad, deberían servir de ejemplo en los tiempos actuales a quienes quieren que sigamos siendo esclavos de la guerra, esos que desde los escritorios y cómodas fincas de recreo con la protección de batallones que pagamos los colombianos, sin ningún pudor piden a gritos que continúe la guerra, pero no tienen el valor de ir ellos al frente del combate ni de ofrecer a sus hijos para que vayan al monte a combatir, argumentan razones morales para criticar un acuerdo que bueno o malo por lo menos le permitirá a los campesinos desplazados volver a sus tierras y a los que andamos en carretera y sin humildes “enfría balas”, desplazarnos sin temor a las “pescas milagrosas”, como si todos los colombianos no estuviéramos enterados que mucho más les dieron y le ofrecieron en el pasado los mismos catones morales, que posan de Rambos, a esa misma guerrilla sin que entonces se pudiera parar el desangre de los colombianos, los pobres del Ejército y la Policía siguieron enfrentados a los pobres que se encontraban en la guerrilla.

También su vida y su ejemplo debe servir para que los guajiros rectifiquemos el camino, en el caso del inmolado Almirante nos consuela saber que después de humillar con su actitud a sus verdugos y mantener incólume su dignidad fue fusilado por cachacos, que mal fin debieron tener; pero causa desconsuelo presenciar el espectáculo degradante de la actualidad cuando encontramos la nueva moda de guajiros acusando a sus coterráneos ante cachacos para que vengan a regañarlos, a atropellarlos, a violarles sus derechos y a disciplinarlos.

En reciente conversatorio recordé la reflexión que hizo el padre en la misa el cuatro de septiembre reciente pasado cuando a Jesús en Nazaret, donde se había criado, nadie le creyó en sus palabras cuando al abrir el libro del Profeta Isaías dijo en la Sinagoga que Dios lo había ungido para anunciar su palabra a los pobres, devolver a los ciegos la vista, devolver a los cautivos su libertad y dar la libertad a los oprimidos y que se cumplirían las Santas Escrituras, algunos incrédulos preguntaron ¿Acaso ese no es el hijo de María y José?, Fue cuando Jesús dijo: “Os aseguro que ningún profeta es bien mirado en su tierra”. Duele reconocer que en La Guajira esas palabras se cumplen a plenitud, por eso decía David Sánchez Juliao que por acomplejao el costeño siempre estaría por debajo de los cachacos, destruimos a los nuestros y endiosamos a cualquier aparecido con plata, y para estigmatizar a quienes en lugar de beber ron, estudian, los frustrados se refieren a ellos despectivamente como “Los notables”, como si se estuvieran refiriendo a una banda criminal. Qué vergüenza, lástima que Padilla no está porque los hubiera mandado a la horca por indignos y caníbales, no les gastaría ni un taco de fusil porque no vale la pena.

Por Luis Eduardo Acosta