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EDITORIAL
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El Cuna de acordeones
27/09/2008
Villanueva está de pláceme. En el marco de las fiestas religiosas de su patrono Santo Tomás se lleva a cabo la XXX versión del Festival Cuna de Acordeones.
Lógico, el entusiasmo es desbordante; le permite a Villanueva recibir nuevamente en su seno a tantos y cientos de sus hijos que retornan a recordar infancias y amistades, a revivir anécdotas, a reencontrarse consigo mismo y a reafirmar su condición de villanueveros, nunca apagada por grande que sea la distancia.
Le permite a los villanueveros recibir con la misma hospitalidad a los tantos y cientos de visitantes y foráneos que años tras años se solazan con las fiestas y con las atenciones brindadas, nunca pocas, característica de los pueblos provincianos.
Este año el festival prometía y a fe que no ha sido inferior a las expectativas, a juzgar por las expresiones entusiasta de quienes lo han vivido. Y no podía ser de otra manera. El Festival Cuna de Acordeones tiene su sitial en el palco de honor, emulando con el festival Vallenato. Por algo fue declarado ‘Patrimonio cultural y artístico de la nación’, lo que no sólo hincha de orgullo a los nativos; también los compromete a mejorar y ser competitivo en lo interno y lo externo.
En esta versión, su trigésima, dedicada al maestro Rafael Escalona Martínez, el máximo cultor de la juglaría vallenata, celebra su segundo Rey de Reyes para competir entre quienes ya han sido ganadores en la rama profesional del acordeón y de la canción inédita; ha de recordarse que en sus bodas de plata, año 2003, tuvo ocurrencia su primer rey de reyes, coronando como tal al joven acordeonero ‘El Pollito’ Herrera.
Ha de reconocerse que el Cuna de Acordeones, luego de una larga experiencia, ha alcanzado vida propia. Se parece al Festival vallenato y a los muchos otros festivales celebrados en tantos lugares del país, pues al fin y al cabo es común el objetivo de fomentar y cultivar el folclor vallenato; pero a su vez es muy distinto a todos los demás, por innovador, haciéndolo único en su especie.
No es de poca monta apuntársele a un quinto aire, la Romanza o Vallenato lírico, en claro desafío con la más evidente ortodoxia del vallenato, fielmente recogida por el Festival Vallenato, el cual se negó a expedirle la partida de nacimiento. La criatura estaba expósita, y el Cuna de Acordeones tuvo la osadía y el valor de adoptarla, por supuesto con la bendición de los más reconocidos juglares vallenatos.
Pero así como espernanca sus puertas para recibir nuevas propuestas y nuevos aires, no temiéndole a la innovación y más bien alimentándola, también pechicha o consiente a sus viejas glorias, a las Primaveras del Ayer, a los cuales les tiene sus propia categoría de concurso: no sólo procura mantenerles activos, sino también elevar su auto estima en reconocimiento a lo que fueron y representan como paradigmas para las nuevas generaciones, y como corresponde a quienes le han dado tanta prez y gloria al país vallenato.
Es único, sin duda, el Cuna de Acordeones. Las palmas para los participantes, que lo preservan residenciado en sitial de honor, pero también para sus dirigentes, cada día insomnes en procura de nuevos logros que lo impulsen más y más. La estampilla, lanzada en su honor en la inauguración del certamen y dispuesta a darle la vuelta al mundo para afincar la cultura villanuevera, es una prueba fehaciente de esa capacidad de gestión.
De contera, la estampilla seguramente aliviará en el futuro las presiones económicas que suelen padecer en Colombia, y más en la provincia, todos los eventos culturales y folclóricos.
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