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Leovedis Elías Martínez Durán
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REENCUENTRO
27/09/2008
Recientemente, y con ocasión de la celebración del Congreso Colombiano de derecho Procesal, visité la ciudad de Medellín, donde me reencontré con un viejo y buen amigo, el doctor Gustavo Hinojosa Daza, quien con su familia me acogió de la manera más calurosa, como era de esperar y es su costumbre.
Con ellos compartí un almuerzo y una amena charla. Recibí de obsequio un interesante libro, “Las auroras de sangre”, de William Ospina, una novela de tipo histórico sobre la conquista, y luego de la inevitable conversación acerca de Valledupar y su situación, de preguntar por viejos amigos, algunos comunes, nos dedicamos a compartir lecturas.
A propósito, el doctor Hinojosa ha dedicado su época de jubilación, además de atender su consultorio privado, a la lectura y a la escritura. Escribe cuentos que son una remembranza de sus vivencias, las vivencias de su vida y de veras que son bien interesantes. Le he sugerido recopilar al menos veinte, pues tiene muchos más, y hacer una edición de ellos. Espero ver ejecutada esa idea para el próximo mes de diciembre.
La vida de nuestro amigo y coterráneo es agradable. Con su familia habita un acogedor apartamento en un rincón de El Poblado, con vista a una cañada, que con cascada y todo arrulla sus lecturas con el rumor de la caída del agua. Desde esta columna mis agradecimientos a la familia Hinojosa por su acogida.
Y a propósito de visita a otras ciudades, se da uno cuenta de que en ellas el tránsito es organizado, conductores y peatones respetan la señales de tránsito y siempre están las autoridades prestas a hacerlas respetar.
Es que la organización del transcurrir ciudadano que existe en otros lugares no es gratuita. No es que a los lugareños les encante respetar las normas de convivencia, como aquí creemos, sino que han aprendido a respetarlas porque les han acostumbrado a ello.
No es sino recordar las luchas que emprendieron las autoridades bogotanas para controlar la bebida en los conductores. Ya hoy todo el mundo entiende que si va a tomar no debe conducir. Entre nosotros es pan de cada día el ver conductores borrachos al volante. A diario lamentamos accidentes absurdos en los que siempre resultan involucrados conductores alicorados.
Para remediarlo es preciso que las autoridades de policía cumplan con su función estableciendo retenes en los que se mida el grado de alcoholemia de los conductores y a los infractores se les sancione como lo manda la ley, no más, sin atender a si se trata de alguien que ocupa una posición social o burocrática importante, si es hijo de fulano o zutano. En fin, que se nos mida a todos con el mismo rasero.
Lo mismo debe hacerse con el respeto a las señales de tránsito. En la Universidad aprendí que tales señales son notificaciones de actos administrativos. Así, cuando una señal dice “Pare”, nos está notificando de que la autoridad competente ha dispuesto que en ese sitio deben detenerse los transeúntes.
Lo mismo ocurre con las luces de los semáforos: la luz roja nos notifica que debemos detenernos y que es prohibido el paso; la amarilla nos previene para que nos aprestemos a detenernos o a arrancar, y la verde autoriza el paso. Las autoridades están instituidas, según la Constitución Política, entre otras cosas, para hacer cumplir la normas; en consecuencia, es necesario que en Valledupar se hagan cumplir las normas de tránsito, pues su irrespeto no solo viola la ley sino que irrespeta a los demás que hacen uso del mismo espacio y además nos pone en peligro a todos.
Pero para que se haga efectivo el cumplimiento de las normas de convivencia, y las de tránsito lo son, es preciso que las autoridades comiencen por cumplirlas y hacerlas cumplir y luego la ciudadanía, ante el temor de ser sancionada, se acostumbrará a respetarlas. No hay de otra.
Dolorosa la partida inesperada del buen amigo Agustín Corro, hombre cívico e impulsor del deporte del softbol. Condolencias a sus familiares.
lmartinezduran@gmail.com
Leovedis Elías Martínez Durán