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Julio Oñate Martínez
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‘El Padre del Son’
05/09/2008
Por allá en 1994, Lorenzo Morales y Emiliano Zuleta eran los acordeoneros de más renombre en toda la ‘provincia de Padilla’, como protagonistas de esa larga y dura piqueria que sostuvieron desde 1938.
Tuvo tanta trascendencia ese enfrentamiento juglaresco que en todo el Magdalena Grande sus nombres no sólo producían admiración en los músicos y parranderos de esa región, sino también envidia, celos, y una que otra rasquiñita de esas que la fama va dejando a su paso.
Pero mas allá del Alto de las Minas, era ‘Pacho’ Rada y sigue siendo el acordeonero que a través de los años ha recibido el más grande reconocimiento como el ‘Padre del Son’, por haber sido capaz de trasmitir la técnicas en la ejecución y las intimidades de este aire musical a los juglares que ya en esos años empezaban a salir del anonimato.
Acordeoneros de la talla de Luis Enrique Martínez, Andrés Landeros, Alejandro Durán y Abel Antonio Villa, públicamente reconocieron en diversas oportunidades que aprendieron a tocar el son viendo a ‘Pacho’ Rada.
En el caso de ‘El Negro’ Alejo, que al salir en 1949 de El Paso, su pueblo, ya traía un buen repertorio de obras compuestas por sus mayores y por él mismo.
Curiosamente el son no estaba incluido en el teclado de su acordeón ya que en casi un centenar de piezas grabadas en la fábrica de Discos Atlantic en Barranquilla, entre 1949 a 1953, no encontramos ningún son y mucho menos una puya. Estos aires tuvieron un espacio en su catálogo sólo a finales de los años 50 y después de sus contactos con ‘Pacho’ Rada en lo respectivo al son, según lo manifestó el propio ‘Alejo’.
Cuando Luis Enrique Martínez llegó a Fundación hacia 1938 ni siquiera tocaba el acordeón, allí aprendió bajo la influencia musical de ‘El Negro’ Rada, pues las primeras obras que tocó eran de éste último, y su vida de compositor la inició con un son que tituló, ‘Luís Enrique Martínez’.
En 1948, Andrés Guerra Laderos, trataba de seguirle los pasos con la gaita a Isaías Guerra, su padre, pero la llegada de ‘Pacho’ Rada a San Jacinto le hizo dar un giro opuesto a su vocación musical, maravillado por los sones que montado en un burro ejecutaba aquel juglar que a orillas del Magdalena sembró la ‘Lira Plateña’.
Fue este el momento cuando tomó la decisión de aprender a tocar y cantar como lo hacía ‘El Negro’ Francio, e inclusive fue el son ‘Tigre en la Montaña’ lo primero que aprendió a ejecutar en uno de los acordeones que al continuar su viaje, Rada le vendió en 30 pesos.
Abel Antonio Villa, a sus 18 años, salió desde su natal Piedras de Moler, influenciado por la música de Gilberto Bermúdez y Rafita Camacho, los notables acordeoneros de su entorno, y después de escuchar en un flamante radio que don Manuel Saumeth tenía allá en Plato las presentaciones que en Barranquilla realizaba ‘Pacho’ Rada por la ‘Voz de la Patria’ se fijó como meta seguir las andanzas de este, misión que pudo cumplir apoyándose en los sones que de él aprendió además de el aval que en una carta le entregó ‘Pacho’ para los directivos de la emisora y así poder llegar a la radio en esos años tempraneros.
Coincidentes en sus declaraciones han sido los maestros Lorenzo Morales y Leandro Díaz, quienes al componer algún son siguieron el modelo de ‘Abraham con la botella’ que Guillermo Buitrago le grabó a Rada en 1948.
Ochenta años de casi un siglo vivido fueron dedicados por Pacho Rada a esparcir el son por toda nuestra geografía tienen meritos de sobra para que este sea por todos reconocidos como el ‘Padre del Son’ y el festival ‘Tigre de la Montaña’ que El Difícil (Magdalena) celebra del 11 al 14 del presente se realice en honor a la memoria de este incomparable sonero, que tanto brillo le ha dado a nuestro folclor, y que siempre con mucha honestidad reconoció: “cuando yo nací el Son estaba ahí, pero lo viejos no supieron repartirlo, eso me tocó fue a mí”.
manuelitomanuelon2@yahoo.com
Julio Oñate Martínez