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Amylkar D. Acosta M
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Los mercados de futuro
05/09/2008
Como a los ojos del sastre todo es aguja, para Soros, agente por excelencia del capital financiero, la globalización “es igual al libre movimiento de capitales y al aumento del dominio por parte de los mercados financieros”. Y no le falta razón, pues de cada US $10 de los US $6.000 millones que según el FMI circulan diariamente por las arterias de la economía global sólo US $2 corresponden a capital industrial o productivo.
Es más, mientras el comercio de bienes y servicios mueve anualmente entre 2.5 y 3 trillones de eurodólares, el capital financiero transa 75 trillones, es decir 25 veces el valor del comercio mundial sin ningún respaldo productivo. En otras palabras, se invirtieron los papeles; si antes el capital financiero estaba al servicio del capital industrial, ahora este está subordinado a aquel, son otros tiempos.
El capital financiero y el capital especulativo son una y la misma cosa, es ese que juega a la bolsa, que migra de un lugar a otro sin dejar rastro, respondiendo siempre a las señales del mercado, se le conoce como capital golondrina y se registra eufemísticamente como inversión de corto plazo, para diferenciarla de la inversión directa.
Su preeminencia es cada vez mayor; el mercado en el que se mueve es más virtual que real y tiende a crear activamente la realidad que refleja, caracterizándose por su gran volatilidad, circunstancia esta que viene a constituirse en una fuente generadora de inestabilidad, convirtiendo la economía en un gran casino, que tiene la particularidad de que quienes están dentro del mismo juegan por cuenta de quienes están afuera.
Como lo afirma Stiglitz, “…éste dinero especulativo no puede utilizarse para construir fábricas o crear empleos —las empresas no acometen inversiones a largo plazo con unos fondos que pueden ser retirados en un abrir y cerrar de ojos— y en realidad el riesgo que dicho dinero caliente implica hace que resulte menos atractivo realizar inversiones a largo plazo en un país subdesarrollado”. Una de las características esenciales que define el carácter del capitalismo contemporáneo es precisamente la tendencia a la “financiarización” de la actividad económica o en la generalización del movimiento especulativo del capital financiero.
Nada ni nadie escapan a su control e influencia, para bien o para mal. En este orden de ideas, primero fue la banca y luego sería la bolsa los medios más expeditos para la operación de los grupos financieros, que luego le daría vida a la banca de inversión y los fondos, muchos de estos institucionales, a través de los cuales se canalizarían sus transacciones.
La entrada en escena del capital financiero le imprimiría a estas una gran volatilidad, producto de las ya mencionadas expectativas racionales. Desde entonces, la economía tiene mucho de psicología. Así nacieron los mercados de futuros, que no son otra cosa que plazas donde se negocian contratos de futuro o a término, a modo de acuerdos para comprar o vender un activo en diferido a un precio previamente estipulado.
En un primer momento, oferentes (principalmente agricultores) y demandantes de un producto (casi siempre comerciantes) buscaban por este medio cubrirse contra los riesgos que entrañaba la estacionalidad de los precios. El único ausente en este escenario es el resignado consumidor, sujeto pasivo de los vaivenes y altibajos propios de los mercados de futuros. Estos se han convertido en un negocio muy lucrativo; algunos fondos con inversiones en estos mercados, por ejemplo, ofrecieron a sus clientes en 2007 ganancias hasta del 30% anual.
El creciente número de transacciones efectuadas van dando lugar a una nueva “burbuja” especulativa retroalimentada por unos volúmenes cada vez mayores de capital de riesgo en juego. Como ya quedó dicho, estos capitales migran de un lado a otro en función de la liquidez, el rendimiento y el riesgo que ofrezcan sus colocaciones. Los corredores, que son sus agentes, toman posiciones ya sea en divisas, en bonos soberanos o, por qué no en materias primas, que es lo que ha venido primando últimamente.
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1. Ex presidente del Congreso de la República.
Amylkar D. Acosta M