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Valledupar,
Alfonso Araujo Cotes
Alfonso Araujo Cotes
Opinión del 26/07/2008
Una cita con el porvenir
Un fenómeno atípico de la sociedad cesarense, el matriarcado en La Paz
30/08/2008

A raíz del merecidísimo homenaje brindado en La Paz a Rosa Delfina López, una de las mujeres que más influencia ha ejercido en la educación de las familias de mi pueblo y cuyos destellos perdurarán por siempre, dadas su consagración, su carácter y el ejemplo enriquecedor de su diamantina personalidad, he reflexionado sobre el fenómeno de la predominancia de la mujer en el manejo de la comunidad pacífica.

Los signos reveladores de su condición dominante y el liderazgo de la mujer en el tejido y construcción de la sociedad de La Paz son manifiestos e incontrovertibles.

Con la aparición de nuevas estructuras socio económicas en la vida social de nuestra región, promovidas por el intercambio intensivo del comercio con Venezuela hace dos o tres décadas, surgió un grupo de mujeres líderes que crearon un emporio de trabajo, de esfuerzo y dedicación inusitados, constituyendo organizaciones económicas sólidas que dieron base para forjar unas poderosas familias, cimentadas en los valores sociales, morales y económicos que establecieron parámetros definitivos de una economía agroindustrial a través del intercambio comercial con el vecino país y que generó medios económicos importantes para fomentar muchas empresas en el horizonte agropecuario y con el concurso de sus hijos y en general, de toda la familia, promocionaron un gran desarrollo empresarial que sirvió de ejemplo a toda la región.

En este orden de ideas, en La Paz siempre las mujeres llevaron la delantera, desplazando a los hombres en el manejo y dirección de la economía. Quiero en esta oportunidad destacar entre ellas a tres mujeres que fueron guía y faro del liderazgo femenino; fueron ellas: María Calderón de López, Leticia Araújo de Pinto y Eloísa Raquel Cotes de Morón.

Nada se escapó a su prodigiosa actividad creadora; llevaban a Maracaibo todos los productos de nuestra región, especialmente el queso y sus derivados, y traían desde allá toda clase de insumos para la agricultura y la ganadería, además de prácticas agroindustriales que la vecina república implementaba con nuevas tecnologías en la explotación de los productos del campo.

Valdría la pena que los sociólogos criollos incursionaran en este fenómeno específico, único dentro de la sociedad cesarense, que todavía se mantiene como una constante no solamente en el comercio binacional, sino que ha adquirido un ambiente refrescante en otras esferas como en la intelectual, social y política.

Ejemplo vivo de estas afirmaciones son las connotadas figuras y sobresalientes dirigentes como Juanita Ramírez de Araújo, Ligia Gutiérrez, Andrea Ovalle A., Loreta Costa Morón, Rita Cotes y otra pléyade de jóvenes que empiezan a figurar con fuerza en el panorama regional.

Por otra parte, en el aspecto social es necesario dar relieve al grupo de mujeres denominadas “almojabaneras”, que han sabido mantener su peso específico en el tinglado de la sociedad y que ese genio de la creación folclórica, Francisco Mejía Morón, inmortalizó con la puya “la almojabanera”, que merecidísimamente ocupó el primer puesto en la canción inédita del Festival de la Leyenda Vallenata.

Alfonso Araujo Cotes

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