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Jacobo Solano Cerchiaro
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Fabio Valencia, en una encrucijada
30/08/2008
Lo sucedido con Guillermo Valencia Cossio demuestra que el poder corruptor del narcotráfico sigue latente y continua enquistado en todas las esferas de la sociedad colombiana.
Absurdo que funcionarios de tan altas dignidades se dejen corromper con estas dádivas; como ha sucedido desde las épocas de los famosos dineros calientes en los años ochenta y que continúan fomentando la violencia en nuestro país.
Lo claro es que algunos que fungen de paladines poderosos no tienen valores, no tienen alma, no razonan, no analizan a quien puedan afectar, partiendo desde su propia familia, con tal de satisfacer sus bajos instintos. Se abstraen en el dinero fácil y ese pensamiento obsesivo y estúpido los lleva a cometer idioteces, únicamente con el fin de mantener una fachada de poder ante una sociedad que cada día les exige más, hasta convertirlos en esclavos del materialismo, sin importarles lo que tengan que hacer, para satisfacer su ego.
Pero con el paso del tiempo se desmoronan y cuando aterrizan en la triste realidad ya tienen el cupo garantizado en una celda. El delito siempre será castigado y quiérase o no, no existe persona que pueda gritar a los cuatro vientos y menos si tiene algo de conciencia: yo hice tal robo, yo maté a tal persona, yo violé a esa niña y no me ha pasado nada. Aunque no lo crean, la vida, las autoridades, Dios o no se quién termina por cobrárselos, tarde que temprano.
La actuación baja y poco ética de este fiscal de poca monta evidencia una vez más que no existen clanes reales o intocables y que una familia, por más tradición de poder y política que tenga, al cometer errores movidos por ambición, al final se derrumban como un castillo de naipes. Son dignos de lástima. Al fin y al cabo los malos procedimientos terminan por descubrirse.
Este caso no sólo enloda al fiscal Valencia, la perra Dávila y sus otros secuaces, también a su hermano Fabio, quien en calidad de Ministro del Interior y de Justicia, si se demuestra que abogó por su hermano tiene la obligación moral de renunciar.
No para responder por ningún delito, sino por ética. Le será muy difícil librar la batalla con la oposición enardecida, que con justa razón lo atacará de forma despiadada, precisamente en el momento en que se aprestaba a presentar una de las más ambiciosas reformas a la justicia, en la historia del país.
Las condiciones para el ministro no están nada fáciles. Algo similar le sucedió a la ex ministra de cultura Maria Consuelo Araujo, quien se vio obligada a dejar su cargo. Aunque hay otros envueltos en casos similares que no tienen esa misma gallardía de renunciar.
Aparentemente las conductas iniciales de Fabio Valencia dejaron entrever que su labor iba bien encaminada, sobre todo por su tono conciliador precisamente cuando el ejecutivo libra tantas batallas con diferentes instituciones del Estado.
Pero en esta coyuntura, cuando la Corte Penal Internacional llega al país para iniciar sus primeras pesquisas antes de que se levante la reserva el otro año, no es para nada conveniente tener un ministro salpicado por las alianzas siniestras de su hermano.
Nota: Un reconocimiento especial por la Certificación a la Calidad ISO 9001:2000 que recibió el grupo de profesionales de la Sociedad Oncológica de Valledupar, encabezado por el doctor Raimundo Maneth, que con su esfuerzo y tesón han logrado cimentar las bases de una institución pionera en la atención de los enfermos con cáncer. A todos, muchas felicitaciones. Es un buen momento para exaltar y enaltecer esa encomiable labor social que realizan por el bien de los pacientes de los departamentos del Cesar y La Guajira.
Jacobo Solano Cerchiaro