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Jairo Tapia Tietjen
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El lenng tché, tortura china
23/08/2008
Es el tormento a que es sometido en la China un hombre descuartizado en cien pedazos hasta cuando exhala su último aliento. Suplicio hecho represivamente ante cientos de espectadores en pena reservada para los delitos más graves hacia el ocaso del imperio chino y que no se aleja mucho de la aplicada a Tomás Moro en la Inglaterra de Ana Bolena, así como otras macabras leyendas que se conectan y discurren con Bertolucci en su espectacular película en 1987.
En la novela “Farabeuf” (1965), Crónica de un instante, se analiza dicho suplicio chino, escrita por el desaparecido escritor mexicano Salvador Elizondo (1932-2006), y recibida por la crítica con entusiasmo, rechazo y perplejidad, hasta el punto que el propio Elizon realiza una autocrítica : “El perímetro de la escritura no puede estar marcado o delimitado por una tabla de coordenadas (…) Si la crítica es un arte, sólo lo es cuando a ella se aúna la inspiración, el temor a equivocarse y el sentido del humor concebido como una dispersión mental simpática hacia la vida o hacia la tristeza de la vida”.
Es lo más cercano a un dogma para los que ofician la escritura como una ceremonia plena de humanismo que no intenta que el hombre se divierta como un niño, sino que busca poner al hombre en contacto con la realidad y buscar que se emocione.
Se refleja en la impotencia de poder observar con amplitud unos juegos que olímpicamente dejaron de ser inequitativos dentro de la agobiante globalidad del poder. Esto podría cumplirse si en vez de dedicar la TV “privada” su programación en un 80% a calidad ocre entero, lo hiciera para crear acervos culturales y valores universales de los cuales adolecen buena parte de sus clientehabientes que anhelan impotentes escuchar el mensaje del saber, condenados cien años a lo que decía Pirandello: “La vida es una burla y el mundo, un frenesí de sombras inconscientes y vanas”.
Qué gran impacto dejó la revista “S.Nob”, creada por Elizondo y su compañero de aventuras Juan García Ponce, desde donde enfilan armas sus contemporáneos de la generación del “Medio Siglo”, Tomás Segovia, Jaime García Ascot, Álvaro Mutis, con su “proyecto” o el género cuaderno, recordado por su condición de alto estándar de nuestra literatura hispanoamericana.
Por su cosmopolitismo, depuración en la escritura, búsqueda de indeclinable de la democracia con equidad para nuestros pueblos, su vasta cultura, equiparado en México con Octavio Paz, José Emilio Pacheco, Daniel Soda, Jaime Sabines, Gabriel Zaid y Carlos Fuentes.
Multitudinaria generación que luchó porque la vida sea un proyecto literario, con el lema “Mientras agonizo me organizo”. Todo un arte de vivir la vida mental hecha pública que manifiesta su fascinación por la inspiración basada en la tecnología, complementada por buscar en la forma en que el amor se despliega con el erotismo. Descubren y exhiben una sensibilidad radicalmente heterodoxa: el humor negro, lo cómico, las drogas, la escatología, el incesto, el terror, el suicidio y el pánico como formas de conocimiento de las últimas razones para la violencia, la sobre explotación y la crueldad dentro de la sociedad del hombre contra el hombre .
Jttvillstoeccehomo@hotmail.com
(Estudios Literarios-Gestión Cultural)
Jairo Tapia Tietjen