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Valledupar,
Luis Rafael Nieto Pardo
Luis Rafael Nieto Pardo
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“Para rematar y para que no cesen las conjeturas, es imposible determinar si las decisiones que la justicia ordinaria ha proferido serían coincidentes o reunirían con las que a los mismos acusados la Corte hubiera efectuado si conservaran la calidad de congresistas…” Sic.

Son apartes de la carta que un lector del Nuevo Espectador (esta muy bueno por su objetividad e imparcialidad), remitió el pasado 22 de agosto a ese diario, opinando acerca de las abstenciones, revocatorias y otras decisiones en el caso de la parapolítica; tema que, por cierto y como siempre sólo nos interesa analizar desde el punto de vista jurídico. Lo demás que lo ponga otro.

Pues bien amigos, ya casi que resulta imposible que cada día al leer la prensa no nos encontremos con que se produjo una nueva decisión que otorgue la libertad a otro ex Congresista en virtud de que, tal y como en el caso del primo del Presidente, el funcionario de turno (en este caso nada más y nada menos que el propio Vice Fiscal General de la Nación), encuentre que, al analizar y evaluar el o los testimonios de los declarantes acusadores, determine y concluya que “… No son declarantes que ofrezcan serios motivos de credibilidad…”.

Y entonces, así las cosas la suspicacia y la pregunta del millón resulta obvia: ¿Será que los que declararon en otros procesos (lobos de la misma camada), y por cuyos testimonios algunos ya han sido condenados y otros se mantienen presos a espera de condena o absolución, si merecían o merecen credibilidad?

Cógeme el trompo en la uña, decía con sabia malicia mi siempre querido y recordado padre Rafael Nieto Echeverría (Dios lo guarde). Y con ello sin tanta prosopopeya ni rimbombancia, de manera clara y sencilla el dilema que se le presenta al lector común y corriente cuando un día lee que con base en los testimonios de fulano y perencejo se dictó medida de aseguramiento preventiva contra Zutano; y al día siguiente se encuentra con la (ya casi no es sorpresa) noticia de que tal medida fue revocada y concedida la libertad al Zutano, porque según el nuevo evaluador, a ojos de buen cubero, encontró que en el caso Montes, muy a pesar de que la Fiscalía al solicitar condena argumentó entre otras cosas que: “...No entendía como Congresistas y funcionarios “de alta Majestad (sic), siendo abogados casi la mayoría, acudieron a pactar con los paramilitares la refundación del Estado”, repito, el funcionario que decide, después de tanto tiempo, determinó qué: “…En esta causa no se demostró que… (¿?) se hubiera concertado con miembros de las AUC o que les hubiese brindado apoyo para la expansión y fortalecimiento de dicho grupo ilegal…” etc. etc. Es decir, continuando con el lenguaje coloquial: Ni chicha ni limonada; o como también hubiera dicho mi viejo: Ni pasó Ralito ni se chupó el Caramelo.

Toda esta serie de decisiones son las que ponen a más de uno a pensar (entre ellos me cuento), tal y como también lo consigna el lector del Espectador Ricardo Buitrago Consuegra – 22-08-08: “…Lo grave es que cada cual en particular llegue a estar plenamente convencido que uno u otro está procediendo en forma parcializada. Al paso que vamos a ese peligroso punto estaremos llegando”. Tal parece que entonces no quedará otra salida que la posterior intervención de la Corte Penal Internacional.

Tal y como están las cosas pienso que la mayoría del pueblo colombiano espera que ocurra así; porque si, casi que con los mismos argumentos (o elementos probatorios como ahora se dice), unos se van y otros se quedan, el tiempo que llevamos en este asunto y los giros que ha tomado hablan muy poco de la buena reputación del Estado.

Por el contrario, ya la sola mención del tema sugiere hoy en día toda clase de malos pensamientos acerca de la injusticia, ciegos prejuicios y abyectos sistemas políticos fallidos.

Un error más evidente de la Justicia quizás no haya sido presenciado antes en esta Nación.

Hasta ahora van seis declarados inocentes ¿y que ocurre con los otros cuyo juicio ya terminó o aún no ha terminado? No son acaso también elegibles o merecedores dentro de un claro o imparcial concepto de igualdad de semejantes o parecidas decisiones?

De acuerdo con todas las reglas de la lógica, si seis ya son inocentes (con iguales o parecidas pruebas) todos son inocentes.

Y, aún cuando como están las cosas todo el País se quisiera olvidar de este desagradable asunto, el capitulo no debe cerrarse con solo eso: La justicia parcial es casi tan mala como la injusticia total.

NIETOPARDOLUISRAFAEL@latinmail.com

Luis Rafael Nieto Pardo

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