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Julio Oñate Martínez
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El Humanitario
07/08/2008
A comienzos del año 1956 Joselito Ospino Hernández a punta de hacha y machete debilitaba la espesa manigua que lo desafiaba allá en El Imperio, la finca de su propiedad, en cercanías de El Difícil, un emporio del Magdalena de ayer y de hoy.
Nacido en 1920 en esa tierra, en donde tocar el acordeón es casi una religión, ya en 1934 había caído en las redes del encantador instrumento.
Su hermana María Ospino era la nueva mujer de Pacho Rada, y cuando éste salía en sus corredurías siempre dejaba un viejo acordeoncito de una hilera, en el cual Joselito comenzó a descubrir las maravillas y bondades de ese mágico aparato.
Un poco más adelante su cuñado en un curioso cambalache, muy común en la época, le dio el acordeón después que el aprendiz le arregló una cabuya de monte en una parcela que Pacho poco a poco iba organizando.
En ese año 56 después de las lluvias primaverales Joselito casi cogido del mediodía terminaba de arrancarle al la tierra unas cuantas cargas de esa yuca exuberante y harinosa que nunca falta por allí, observando a los lejos una figura que lentamente se acercaba. Se trataba de un caminante agobiado por el hambre y el cansancio que desde la madrugada había salido de la distante hacienda El Líbano, propiedad de Santiago Fontalvo.
Al encontrarse Joselito le solicitó ayuda para cargar las bestias y juntos fueron entonces a la casa de la finca, donde su mujer le preparó un suculento almuerzo al peregrino. Y ya con ánimos para continuar Ospino lo despidió con viandas para el camino, algunas monedas y un sombrero viejo, deseándole mucha suerte. Nunca más lo volvió a ver, pero al perderse en la distancia comenzó de inmediato a tarararear los primeros versos de la canción que él tituló ‘El Humanitario’, hoy uno de los clásicos del vallenato.
“Quien diga que yo soy malo está mintiendo
porque yo si soy el hombre bueno y condolido
muchas veces en mi casa quedo sin almuerzo
para darle de comer al triste peregrino”.
El 14 de septiembre de ese mismo año llegó Calixto a El Difícil a la fiesta grande del Santo Cristo invitado por los parranderos del pueblo, y en la casa de Andrés Ríos, el anfitrión, fueron hospedados Calixto y Beto Rada, el hoy Rey vallenato y sobrino de Joselito.
Una semana después acabada la fiesta el ‘Negro Cali’ se despidió llevando en su repertorio el paseo ‘El Humanitario’, con la debida autorización del autor para ser grabado, pero por circunstancias que daba a conocer en diferentes medios, a falta de una orden notarizada del compositor le correspondía entonces al intérprete firmar el contrato de grabación, y así la canción de Joselito Ospino fue publicada con el registro autoral del maestro Calixto Ochoa Campos, quien afanosamente le he dado claridad a esta situación cada vez que ha sido interrogado sobre el particular.
Joselito nunca ha estado pendiente de regalías porque lo cierto es que siempre ha vivido holgadamente de la ganadería, pero aun a sus 88 ‘ruedas’ sigue con la esperanza de que Calixto regrese a El Difícil a parrandear con él cumpliendo así la promesa hecha en el momento de llevarse la canción. En alguna que el maestro Ochoa estuvo por allí no se acercó hasta El Imperio, generando entonces el consabido reproche de Joselito: ¿“usted cree que un ternero va a ir donde está el tigre para que se lo coma?, a todo hacendado el tigre le come un ternero. A manera de epílogo cantado Joselito resume este episodio en el paseo ‘El Decepcionado’:
“De lo que vivo decepcionado
y por eso sufre Joselito
es que a mi me haya traicionado
siendo tan amigo de Calixto”.
manuelitomanuelon2 yahoo.com
Julio Oñate Martínez