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Gruesos se asoman los nubarrones. El SOS lanzado por las pequeñas empresas lácteas prende las alarmas para las economías del Cesar, la Guajira y el Magdalena.

El grito no es mero capricho o simple pechichonería. En verdad, parece estar en peligro la suerte inmediata de muchos pequeños ganaderos cuya producción seguramente no podrá ser absorbida por las empresas compradoras de leche.

Si ello ocurriese en otra ciudad no dependiente de la producción pecuaria, vaya y venga. Pero que acaezca en la región Cesar-Guajira-Magdalena, cuyo principal renglón en la economía regional es justamente la actividad pecuaria, eso sí es un completo desastre.

Ese es el desastre avizorado. Dada la superabundancia de producción de leche, las empresas lácteas tomaron de modo unilateral la decisión de limitar el volumen de leche a comprar y reducirles a los productores el precio de compra de la leche, de suyo golpes bajos y casi mortales.

El golpe de gracia es anunciado después y de la misma forma, intempestivo, sin lugar a rechistar; es cuando sobreviene el grito de pánico provocado por la decisión de la empresa Dairy Partners Americas (DPA) de retirarle al apoyo y no comprarle más leche a las pequeñas empresas lácteas.

El desastre, no cabe duda. A vuelo de pájaro, las pequeñas empresas lácteas en peligro absorben aproximado la bicoca de 126 mil litros diarios de 1115 proveedores, los cuales verán mermados sus ingresos y amenazadas sus inversiones.

Por supuesto, la debacle es para la economía regional. Cuántos trabajadores del campo serán cesados en sus trabajos, cuántas familias perderán su sustento, cuántos negocios y empresas verán reducidas sus operaciones comerciales…

El trasfondo se antoja más aleve a juzgar por las acusaciones hechas. Le atribuyen a la empresa DPA un empeño en quebrar a la pequeña competencia local para erigirse en amo y señor del mercado, sin siquiera un relativo contrapeso para la regulación del precio de la leche pagado a los productores.

De hecho, suspender casi abruptamente la compra de leche a las otras empresas lácteas de la región y no resolverles sus rogativas para la pulverización de la leche, no obstante tener en retozo suficiente capacidad instalada, sumado a la compra de leche en otros departamentos, dispara las suspicacias y le da pábulo a las especies propaladas de estrangulamiento para la pequeña competencia local.

Verdad o mentira, DPA debe salirles al quite a tales versiones, desmintiéndolas con hechos concretos. El momento asaz crítico padecido por la región no está para jugar al individualismo.

El momento exige compromiso con la región para sacarla avante, sólo posible en tanto se propicie un liderazgo colectivo cuyo norte sea el desarrollo regional más que el engorde insular de una sola empresa. De nada serviría una gordura y bonanza individual en medio de una hambruna generadora de inconformidades y conflictos sociales.

Pero un mayor esfuerzo y participación le corresponde también al propio Estado, que aún no puede dejar al garete el mercado; se requiere todavía regulación para torcerle el espinazo a la especulación y al monopolismo.

Las empresas locales y regionales también deben hacer lo suyo so pena de vivir siempre en estado menesteroso respecto a otras mayores; la inconformidad y querella actual se repite año tras año y nunca que se deciden a invertir en su autosuficiencia.

Al menos deberían empezar por concienciar a los ganaderos para que actúen como verdadero gremio. Permitir su desunión merced a mejores precios para los mayoristas es un mal precedente, así se presente como estímulo a la eficiencia.

Por la calle del medio de la división se engorda fácil la empresa monopólica.

EDITORIAL

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