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Valerio Mejía Araújo
Valerio Mejía Araújo
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La valentía
24/07/2008

“Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio” 2 Timoteo 1:7.

En la Biblia la paz y la guerra van tomadas de la mano. Dios se revela como un Dios de paz y a la vez como un Dios guerrero.
Durante su ministerio terrenal, Jesús dejó claro cuál era su misión: “Mi reino no es de este mundo”, estableciendo que sus principios y valores no eran como los sistemas del mundo, sino según las normas del reino de Dios.

Valentía es lo contrario de cobardía. No es odiar a los semejantes y ser capaz de herir, ofender o tomar venganza de otros. Es tener el ánimo, el vigor, la fuerza, para enfrentarnos a la dificultad, la adversidad, la prueba, las circunstancias difíciles, sin amedrentarnos y temer. Es luchar en contra de nosotros mismos y nuestra naturaleza pecaminosa desobediente a Dios, es luchar en contra de los sistemas corruptos de este mundo y todos aquellos enemigos que se levanten en contra del conocimiento de Dios.

Jesús vino a la tierra a traer paz a cada ser humano y a hacer que esa paz afectara positivamente su entorno, pero al mismo tiempo vino para hacer guerra espiritual contra las fuerzas invisibles de maldad.

Cristo consiguió la paz por medio de un conflicto espiritual en contra de nuestro enemigo, venciéndolo en la cruz del Calvario, hace más de dos mil años; y hoy, por medio de nosotros sus hijos, quiere demostrar esa victoria.

Dios gobierna espiritualmente sobre todo, en el cielo, en la tierra y debajo de la tierra y quiere tener un pueblo que lo represente y que reine en su Nombre sobre este mundo. Dios es un Dios de victoria y quiere tener un pueblo victorioso. Por cuanto Cristo venció a todos sus enemigos ayer, nosotros podemos vencer hoy; y así de ese modo, glorificar al Señor.

La tendencia natural de los cristianos es no querer luchar, pues esto implica esfuerzo, sacrificio, cansancio… pero en el mundo espiritual si no luchamos y vencemos seremos vencidos. En esa lucha espiritual no existe el empate o la igualdad. El cristiano pasivo es un cristiano destruido, lleno del espíritu de cobardía.

El relato Bíblico nos cuenta de un grupo de hombres afligidos, endeudados, amargados que se juntaron con David. Hombres descalificados, despojados, gente perdedora y cobarde que se juntaron con el valiente David y mediante un proceso de asociación fueron transformados en valientes mediante un espíritu de poder y valentía.

David era el más insignificante y menos calificado de todos los hermanos, era el cuidador de las ovejas, fue un rey ungido en silencio por varios años y luego no reconocido del todo y atacado por su unción, vivió en cuevas y desierto; pero fue entrenado en la escuela de la paciencia y la dificultad para aprender la perseverancia y finalmente levantarse con el revestimiento de valentía. Es esa valentía la que necesitamos nosotros hoy.

Amado amigo lector, no estamos solos en esta travesía, el Señor hará lo mismo por nosotros, entrenándonos completamente para ser investidos con ese manto de valentía. Si estas pensando que tal vez no calificas, o estás confundido en cuanto a la realidad espiritual, debo decirte que Dios quiere que seas parte de la iglesia victoriosa, que seas ungido con un revestimiento de valentía que permita no sólo hacer algo para Dios, sino también ser alguien en Dios.

De los valientes de David: Joseb-basebet, peleó con ochocientos adversarios y venció. Eleazar, se le pegó la espada a su mano. Sama, defendió un campo de lentejas y derrotó a sus enemigos. Tres de los treinta, sacaron agua del pozo. Abisaí, levantó su lanza como bandera de victoria contra trescientos hombres. Benaía, mató leones y fue grande en proezas.

De igual manera nosotros: Los valientes debemos tener paciencia, perseverancia y constancia. Vivir la palabra pegada a nuestras vidas, fusionada con su poder y pensamiento. Defender nuestros derechos y reclamar nuestra herencia espiritual. Debemos ser personas de fe, que siempre saquen lo provechoso del agua, de lo negativo del pozo. Que Levantemos bandera de victoria para poner límites y aprender a combatir contra leones.

Querido amigo, deseo con toda mi alma, que aprendas a ser un vencedor, un valiente que no se amilana ante la dificultad y no se arruga ante la vida. Sino que aprendas que en Cristo Jesús tenemos garantizada la victoria. ¡Somos más que vencedores, por medio de aquel que nos amó! Te invito a orar ahora, dile conmigo: “Querido Dios, gracias por hacerme un vencedor. Revísteme con el manto de poder y ayúdame a enfrentar cada circunstancia con valentía. Te doy las gracias en el nombre de Jesús. Amén”

Te bendigo y te mando un abrazo en su nombre. ¡Recuerda que eres un vencedor!

valeriomejia@etb.net.co

Valerio Mejía Araújo

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