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EDITORIAL
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La insensatez de las Farc
23/07/2008
Forzoso es llover sobre mojado. No ha sido de buen recibo para la comunidad nacional, y seguramente tampoco para la internacional, la respuesta de las FARC tras el llamado de liberar a los secuestrados y deponer las armas.
Uniéndose al clamor ecuménico, los presidentes de Venezuela y Ecuador y el ex presidente de Cuba como puestos de acuerdo revisaron sus posturas políticas subrepticias y le dieron un espaldarazo público al sentimiento del pueblo colombiano que ha clamado de una y distintas formas por la aclimatación de la paz.
En ese contexto, los tres personajes mentados fueron precisos en sus recomendaciones, palabras más palabras menos, “… la guerra de guerrillas pasó a la historia… es hora de liberar a los secuestrados y deponer las armas…”, palabras que se unían al coro nacional e internacional; si en algo hay unanimidad, descontado Daniel Ortega, es justamente en estas reivindicaciones.
No son, pues, simples peticiones insulares como otras miles importantísimas proferidas en muy buena hora a lo largo y ancho del mundo. Estas tienen y revisten muchas más connotaciones por proceder de tres jefes ‘naturales’ de países vecinos y además de reconocidas amistades y simpatías con el grupo terrorista de las farc, a cuya cúpula les han brindado en muchas ocasiones respaldo de toda índole.
A ellas se les suma la voz unánime de 40 millones de colombianos, expresada en múltiples oportunidades de diversas maneras pero todas clarísimas en el sentimiento: no más guerra, no más FARC, no más secuestros, liberación inmediata de todos los secuestrados…
A todo esto las FARC salen con un chorro de babas. Responden con una arrogancia del tamaño de su necedad y torpeza política: “… no dejaremos las armas… preferimos una muerte en combate…”, lo que revela el fundamentalismo y la obsesión con las armas de los dirigentes de las FARC, incapaces al parecer de hacer una buena lectura del momento histórico que vive el país y el accionar guerrerista de su movimiento.
Perdido su norte ideológico y renunciada a la lucha política, las FARC se empecinaron en granjearse la animadversión popular, distanciándose cada día más y más de estas bases a las que inteligentemente invocan para proseguir su trasegar terrorista.
Sólo en esa panorámica ha de entenderse el accionar de las FARC en los últimos años, plagado de tantos delitos de lesa humanidad y de tantas violaciones a los Derechos Humanos y al Derecho Internacional Humanitario.
Sólo en esa panorámica podría entenderse su actual postura negativa para aceptar y propiciar un clima de negociación que les permitiera una salida digna de la encrucijada por la que atraviesan; nunca han estado tan diezmadas y nunca ha sido tan turbio su horizonte.
No importa que la negativa a escuchar las rogativas del mundo sea firmada por dos mandos medios – Granda y Santrich – y no por ninguno de los miembros del secretariado; eso habla peor de ellos, pues o no son capaces de asumir una posición oficial prefiriendo guarecerse en mandos inferiores, o se ha perdido el eje de mando y cualquiera se siente autorizado para hablar en nombre del movimiento.
Es una lástima, se reitera, perder tan bella ocasión, fundamentalmente para evitarle al país más dolor, lágrimas y sangre. Es una lástima porque se desaprovecha una oportunidad de debatir de cara al mundo la alternativa de un nuevo país, esta vez con la inclusión de los propios guerrilleros negociados que mucho podrían aportar para enderezar tantos entuertos.
EDITORIAL