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Hernán Araujo Ariza
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Bueno el Jaque, pero el Mate no todavía
23/07/2008
No se puede desconocer el avance importante que hemos tenido en el campo militar, de hecho, lo impecable de la operación Jaque habla por si sola. También es innegable la felicidad y el orgullo que embargó a todos –incluyéndome- con el regreso a la libertad de los que fueron liberados en esa operación. Son hechos que nos hacen pensar en que el final está cerca, aunque “cerca” no necesariamente implique un plazo perentorio de pocas semanas, pues bien pueden ser años, en plural.
Siguiendo la lógica militar de dar nombres ilustrativos a las operaciones militares y debido a los múltiples, certeros y consecutivos golpes a las Farc, podríamos ser optimistas y pensar en agregarle el apellido indispensable que un ‘jaque’ debe tener, para que pueda poner fin a la partida. Pero si bien aplaudimos el éxito de tal acción militar, no queremos que se consolide con un ‘mate’, al menos todavía.
En efecto hay muchas razones que dan fe de la muy buena capacidad militar del gobierno Uribe, nadie lo pone en duda. Pero esa fortaleza oculta la poca preparación que se tiene para hacerle frente a un escenario sin guerrillas o sin guerra.
La experiencia padecida por las víctimas de los paramilitares, que no obstante haber sufrido por la pérdida y el vil despojo de sus seres queridos, les tocó conformarse con unas verdades a medias, pues cuando empezaban a conocerse atrocidades, y en vísperas del proceso de reparación, los jefes fueron extraditados sin previo aviso. Y como era de esperarse, hoy poco se habla de justicia y paz. Con los desplazados el mismo cuento; se aplaza y se aplaza, como en el episodio Carimagua, lo que según la corte constitucional resulta una problema de urgente solución.
Pero sin duda, el caso más palpable de esa debilidad del gobierno, es todo el proceso post desmovilización de las extintas autodefensas. El gobierno y la sociedad –en igual medida- ya expusieron su intención porque el conflicto acabe, así como se regodearon en los actos de desmovilización de las AUC. Pero esos ánimos contrastan con la poca gana que le imprimen a la etapa más importante; el post-conflicto. Ahí es donde se encuentra la solución al conflicto real, que no es de ideales ni de corrupción -pues en todas las orillas hay de ambos- sino de hambre y necesidad.
Desgraciadamente el panorama es desolador, pues el fracaso del proceso con los ex ‘paras’, que luego de dos años y medio de haberse desmovilizado, son pocos los resultados que hay para mostrar. Nada más es comparar las cifras de desmovilizados versus reincorporados completamente. Y no solo la parte psicosocial sino la laboral y la económica, pues “de pan vive el hombre”. La sociedad no ha sido ajena, pues también ha colaborado a este desastre con la desidia para darle empleo a esta población.
Sin embargo, nuestro deseo para que termine el sufrimiento de los aun cautivos y de sus familias es inocultable. Solo que preocupa el escenario que se nos avecina con los centros urbanos repletos de guerrilla en proceso de reincorporación. De seguro que, ante la falta de oportunidades y la disponibilidad de tiempo libre, rápidamente terminarán alimentando la delincuencia común, que a la larga es la semilla de la guerra. Por eso creo que fue buena la operación que puso en ‘jaque’ a las Farc, pero también creo que no estamos preparados –salvo los militares- para dar el mate todavía.
MI ÚLTIMA PALABRA: Comparto y apoyo la voz de ‘Protesta vallenata’ de Celso Guerra, por cuanto sigue siendo una constante entre los intérpretes de nuestro folclor esa actitud mezquina frente a la problemática del país. Hace casi dos años que escribí mi primera columna y casualmente el tema fue la insensibilidad social de los cantantes vallenatos. Ayer Celso analizó el mismo fenómeno y las cosas no han cambiado mucho. ¡Qué vergüenza!
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Hernán Araujo Ariza