|
Álvaro Castro Socarrás
|
|
 |
No es con marchas…
22/07/2008
A Marco Tulio, mi padre, siempre le oí que nada más malo que los homenajes que se le brindan a los recién posesionados porque al salir de los cargos, es una regla sin excepción, lo hacen por la puerta de atrás, con el rabo entre las patas y más desprestigiados que culebrero mordido por la serpiente en plena faena.
Eran bienvenidos tales ágapes – decía - cuando se los hacían al salir porque ese era el verdadero termómetro que indicaba si su gestión había sido buena o no. Lógico, estos muy poco se dan en Valledupar en estos tiempos.
Ha querido, presumo, un grupo de amigos del Burgomaestre brindarle una forma de homenaje a raíz del fallo de primera instancia por el cual se cayó su elección, desfilando por algunas calles de Valledupar, como si esto además de dar la sensación de ratificación de la voluntad popular pudiera incidir en la decisión que a corto plazo debe tomar el máximo ente contencioso, el H. Consejo de Estado.
Cuánta satisfacción nos daría que esta movilización masiva la pudiéramos hacer al final del mandato del señor Rubén Carvajal Riveira, ora al decidirse la segunda instancia, ora al cumplirse los cuatro años de su gobierno; dadas las circunstancias que rodean al mandatario local considero que este no es el momento para pronunciarse en esa forma; por múltiples razones: la primera porque aún no ha hecho méritos el Alcalde querendón para ser beneficiario de un homenaje y la segunda porque están lejos, muy lejos de la realidad, quienes creen que el eco de la manifestación – regular por cierto- llega al oído de los señores Consejeros y al final es la onza que inclina a su favor la balanza, revocando el fallo dictado con criterio jurídico por el Honorable Tribunal Administrativo del Cesar.
Vale la pena averiguar si los costos de transporte, logística, merienda y otros salieron del bolsillo de los modestos Inspectores de los Corregimientos, de los contratistas, de los secretarios del Despacho, de los financistas de campaña que sueñan con ser socios de cualquier privatización o concesión que se atraviese en este cuatrienio, del presupuesto Municipal o por el contrario todo fue producto de la espontaneidad de los líderes naturales y de las bases populares que el Alcalde y sus amigos creen tener en el corral.
Cómo sería de bueno que aquellos que constituyen el soporte - el cálido y el frío - del mandatario de los Vallenatos, le aconsejaran rodearse de un buen grupo de abogados administrativistas – lógicamente no pagos por el Municipio - para alegar bien en la alzada y evitar la pérdida no tanto para Ava, que a pesar de sus buenas intenciones en seis meses no ha podido arrancar, como para la gobernabilidad que muy poco observamos hace rato en Valledupar, y que ponga a trabajar al costosísimo y excesivo grupo de asesores contratados, en proyectos que nos marquen el verdadero futuro económico y social.
Esto en lugar de fabricar marchas que no sirven para nada, - ni siquiera las que espontáneamente se hacen, como la de la Maria Mulata en Cartagena, el mismo día que salió la sentencia, -salvo para hacerle creer al gobernante que quienes la organizaron lo aman más que los demás.
Olvídese señor Alcalde de los falsos cantos victoriosos y empiece a conseguir los recursos para cumplir la promesa de las cinco mil casas que los destechados de esta tierra sueñan que usted les cumpla. Esto para referirnos a un sólo punto de su programa de gobierno, que de lograrlo lo puede catapultar a un sitial de honor en la historia de Valledupar, el mismo que han desdeñado otros en el inmediato pasado despilfarrando un verdadero poder popular logrado en las urnas sin el apoyo de los jefes políticos tradicionales.
Álvaro Castro Socarrás