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EDITORIAL
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Un grandísimo reto
21/07/2008
Con grande expectativa inicia el país un nuevo periodo de sesiones de su órgano legislativo.
La trascendencia no radica sobre todo en los intríngulis de su trasegar democrático, valga decir, en la elección de su nueva mesa directiva y los consiguientes inconformismos que suele provocar. Tampoco en la cantidad de proyectos a estudiar, que desde ya se habla de más de medio centenar.
Reposa más bien en el grado de compromiso o en la actitud que ha de asumir el Congreso de la República, hoy en su hora más aciaga pero también y en contraste el país le reclama grandeza para el estudio de unos pocos proyectos que seguramente estremecerán las entrañas de la nación.
El país hoy camina en el filo de la navaja, cual acróbata, debiendo caminar con pies de plomo y cuidar cada uno de sus pasos. Todos los procesos los tiene a punto, en el casi, faltándole un centavo para el peso. Pues bien, todo dependerá de la generosidad o tacañería para abordar y enfrentar cada problema individual…
El conflicto con las FARC está candente justamente porque debe rematarse. El proceso de los paramilitares cojea pero marcha. Los choques de trenes entre y con las altas Cortes de Justicia disminuyen su intensidad pero lejos aún de su encauzamiento. El Congreso urge robustecer sus pies de barro. Ah!, la regulación de las aspiraciones presidenciales.
En apariencia muchos de estos temas son relativamente ajenos al resorte del Congreso de la República. Pero no, un Estado social de derecho, un Estado democrático no puede funcionar con uno de sus órganos de poder completamente rezagado de suerte que no pueda cumplir su misión de complementariedad con las otras ramas del poder público.
Nada le es ajeno al Congreso y todo pasa por el Congreso, como también por las otras ramas, al punto que el desprestigio de una de ellas embadurna y le resta gobernabilidad a toda la institucionalidad; de adehala, alimenta la insurgencia y la delincuencia al servirles de pretexto para su periplo demencial.
Ese es el reto fundamental del Congreso. Reivindicar su prestigio. Ganarse el sitial de honor que le corresponde. Ganar liderazgo para contribuir a sacar al país de la encrucijada que vive.
La hora es crucial y exige darse la pela. La reforma política será su mayor prueba de fuego y ni de vainas que pase sin chamuscarse. Bien claro debe tener el Congreso cuál es el sentimiento nacional y cuánta repulsión le provoca los tantos dislates cometidos y denunciados.
Lo menos que se espera es una reforma seria capaz de blindarlo de tanta corruptela y para ello debe regular los comportamientos irregulares hoy investigados. Es decir, la mayor prueba es tratar el asunto con severa retroactividad.
La reforma judicial reviste igual importancia, más por el cordón umbilical que lo une con la reforma política. Es otra prueba de fuego por la sensibilidad que genera el tema. Hay que obrar con buen criterio, siempre con el norte de los contrapesos de los poderes como el mejor vehículo garante para una efectiva democracia.
El tema de la reelección será sin duda el de mayor capacidad desquiciadora para el país, pero en especial para el Congreso de la República… si logra ganar previamente credibilidad merced a su autoreforma, seguramente podrá afrontar el torrencial de la reelección.
Aunque los mentados sean los más trascendentes, también se estudiarán otros que igual probarán el grado de compromiso del Congreso, cuya ejecutoria en esta legislatura por fuerza debe mejorar la deficitaria pasada.
EDITORIAL