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EDITORIAL
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Apoteósica jornada
20/07/2008
Sencillamente apoteósica. La conmemoración del 20 de julio, llevada a cabo ayer en toda la nación y en buena parte del mundo, no tiene precedente en la historia del país.
Nunca antes los colombianos habían desparramado con tanto fervor el sentimiento patrio; nunca antes se había impactado tanto al mundo con demostraciones multitudinarias de amor hacía una bandera nacional y hacía un sentimiento de libertad a favor de compatriotas secuestrados en las tupidas e inhóspitas selvas colombianas.
Todas las imágenes difundidas por la televisión, representativas de las principales ciudades del país y del mundo, mostraban denominadores comunes: una asistencia masiva y una población desbordante que reclamaba la paz para Colombia, rechazaba el secuestro y deprecaba la libertad para los colombianos.
No hay tutía. Aunque ya antes, mucho antes inclusive del 4 de febrero cuando más de diez millones de colombianos protestantes contra las FARC adornaron las calles del país, se tenía certeza del rechazo radical de los colombianos contra el secuestro, ahora fue ratificado con creces ese sentimiento.
Ahora se fue más lejos al no conformarse los colombianos con simplemente marchar en silencio. Ahora todo el sector cultural y folclórico del país atendió el llamado para hacer de la celebración patriótica un canto a la vida, un canto a la libertad, e hizo presencia actuante en cualquier lugar del mundo donde estuviese; allí relució su colombianidad.
Igual se vivió en Francia, liderados por Juanes, Ingrid y Miguel Bosé que en los Estados Unidos, en varias de cuyas ciudades se registraron amenizaciones de importantes agrupaciones nacionales solícitas al llamado de la patria.
Igual en Inglaterra que en España, y así en todas partes en un despliegue impresionante que deja muy en alto la imagen del país y bien posicionado el derecho a la libertad reclamado.
El mundo ya no podrá dudar de cuál es en realidad el verdadero sentimiento de los colombianos, si a favor de la democracia o a favor del terrorismo, dubitación esgrimida antes por algunos países que les proporcionaba oxígeno a las FARC.
Valledupar no fue la excepción. Como ninguna otra y muy a pesar de la hora, estimada en principio inapropiada por ser domingo, Valledupar se expresó de modo ejemplar. No fue inferior a las otras capitales del país, demostrándose parejo en todo el territorio patrio el sentimiento anti secuestro.
La asistencia fue también multitudinaria y estoica, acaso lo más significativo de la jornada por evidenciar la madurez y robustez del sentimiento libertario; no importan los vientos y las mareas, los rayos y las centellas: contra todo ello están dispuestos los colombianos a enfrentarse con tal de recuperar a los colombianos secuestrados y recuperar la paz.
Muchos jóvenes y estudiantes – también fue masiva la presencia de éstos - se confundieron con los adultos y con la Fuerza Pública e hicieron de la jornada una fiesta; ni siquiera el torrencial aguacero con que nos premió la naturaleza amainó el entusiasmo. Los marchantes continuaron chapaleando agua: la necesidad de la paz se sobrepone a todo.
Importa sostener el entusiasmo, y para ello ha de echarse mano de la creatividad para complementar las marchas; doctores tendrá la santa madre iglesia que sabrán indicar el camino correcto y avivar la llama de la esperanza, hoy más robusta en los colombianos.
EDITORIAL