|
Mary Daza Orozco
|
|
 |
La desmesura y la elegancia
20/07/2008
Todos nos alegramos con el rescate, por parte del Ejército Nacional, de los secuestrados, de todos los que vinieron invadidos por la tragedia y que sólo la felicidad y el amor de sus allegados irán alivianando con el correr de los días. Sin embargo, no podemos negar que los Medios de Comunicación se centraran en la figura de Ingrid Betancourt, es apenas lógico si se tiene en cuenta que era la única mujer del grupo, que es una ex candidata presidencial que, con sus lazos diplomáticos y afectivos con Francia, movió al mundo entero. Todo eso es cierto, pero lastimosamente se cayó en la desmesura, en el desbordamiento, productos de nuestras emocionales raíces latinas.
En momentos como esos, aunque las lágrimas asomen a nuestros ojos, hay que ser calmados con el palabrerío, que usamos, pero no, se llegaron a extremos como a comparar a Ingrid con Juana de Arco, tres Medios lo hicieron, hay que estudiar a los protagonistas de la historia para no hacer comparaciones a la ligera y en extremo ridículas; le “otorgaron” el premio Nobel de la paz, Ingrid sólo fue una víctima más de la violencia, habría, entonces que repartir el premio a más de tres mil secuestrados que han padecido vejámenes por parte de los grupos rebeldes, sus captores; aunque con el poder que tiene su ex esposo en Francia no sería raro que se lo otorguen.
Otros la dieron como segura presidente de Colombia para remplazar a Uribe, ahora no; a pesar de su inteligencia, de su carisma, ella es humana y casi siete años en la selva hacen mella en el organismo más fuerte, no puede ir a enfrentarse a un país con los problemas que tiene Colombia.
Esa es la desmesura de la que tanto le hablan a los estudiantes en las facultades de periodismo, lo recuerdo como ahora, al eximio profesor Gonzalo González “Gog”, cuando recalcaba: “No se desborden, sean generosos en la información, pero con elegancia y sin excederse”.
La elegancia al escribir es otro principio que está en decadencia, el furor de redactar sin temor, tomando las palabras y revolviéndolas para temas grotescos, es el pan nuestro de cada día. Sólo porque Gabriel García Márquez, con suma elegancia, se atrevió a usarlas, ahora cualquiera se siente con derecho a hacer lo mismo y se usan con desafuero, con ordinariez en artículos, columnas y comentarios que hacen que uno tenga que taparse la nariz, para poder seguir leyendo, si es que sigue.
Al escribir en un periódico, o al hablar en cualquier Medio, tenemos que pensar en que lo hacemos para gente que merece respeto, que disfruta con la frase precisa y con el orden en las ideas; que ese minúsculo número, que goza con la chabacanería, con la tosquedad, no amerita que nuestro prestigio, como orientadores de la opinión pública, se menoscabe.
Mesura y elegancia, esa es la consigna para todos los que escribimos en este diario, y para los que están en cualquier Medio de Comunicación, sólo así se nos respetará, como columnistas, reporteros, locutores, en fin, en tantas e interesantes ramas de este oficio apasionante en las que actuemos.
Mary Daza Orozco