|
Alfonso Araujo Cotes
|
|
 |
Andrés Becerra Morón, el parrandero mayor
19/07/2008
A raíz del deceso de Hugo Araujo, ese famoso guitarrista que formó con Toño Brajim y Alberto Calderón el trío más destacado y extraordinario de música de cuerda de la época, vienen a mi memoria gratísimos e imborrables recuerdos de holgorios y satisfacciones espirituales que viví en las interminables y emocionantes parrandas en los pueblos del Cesar y en especial en San Diego, tierra amable y acogedora, cuna de ilustres representantes de nuestra sociedad, en donde en compañía de Andrés Becerra Morón, Ovidio Ovalle Muñoz, Leandro Díaz, el Negro Calde, Juan Muñoz, Toño Salas y el famoso cajero Pichocho, quizá sólo igualado en la maestría de su ejecución por Pablito López, y otros más cuyos nombres se me escapan, pasé momentos inolvidables de bohemia, en medio de la alegría desbordante de nuestros contertulios al ritmo de la música vernácula, en las expresiones más excelsas de su interpretación.
Dentro de esos personajes relacionados quiero destacar a Andrés Becerra por lo que ha significado para el folclor vallenato, en una de las manifestaciones más prístinas y valorables en grado sumo, como es lo que los provincianos llamamos “la parranda”, que ha perdido hoy su sabor terrígeno y su autenticidad, cuyo cimero exponente de todos los tiempos es el compadre Andrés Becerra Morón.
Nacido de uno de los hogares más destacados, señoriales y queridos de la comarca, bebió en las fuentes inagotables del folclor vallenato sus más recónditos secretos y saboreó como nadie en el trasegar de su vida el cultivo a la amistad sincera, el amor por su tierra y a la auténtica valoración de la música vallenata.
Estas cuartillas no alcanzan a brindar una semblanza cabal de su polifacética personalidad, pero quiero dar un testimonio de fe al afirmar que engrandeció con sus aportes consagratorios a ese género del folclor provinciano que es la parranda.
El compadre Andrés con su gracejo oportuno, su anecdotario inagotable, el cuento narrativo de los personajes de la región, muchos auténticos y otros atribuidos a su prodigiosa imaginación, le imprimieron a la parranda el encanto, la vitalidad y la alegría que lo destacan con una valoración insustituible, que hacía que sus contertulios disfrutaran de su compañía, donde siempre aparecía en el fragor del evento la invocación del merengue “La Pule”, de Emiliano Zuleta, que cantaba voz en cuello.
Fue Becerra uno de los impulsadores de la creación del departamento del Cesar; como se dice hoy en día, contribuyó como el que más a la socialización del proyecto, haciendo el ambiente festivo y propicio para penetrar la mente de los más destacados representantes de la sociedad bogotana y darle el impulso vital para su aceptación.
Fue reconocido amigo de los más importantes personajes de nuestra historia reciente, compañero de García Márquez, López Michelsen, de nuestro genio musical el maestro Rafael Escalona y de jóvenes que se empaparon en la magia desbordante de su palabra y de nuestras virtudes y costumbres ancestrales, entre otros Miguel Santamaría Dávila, Fabito Lozano Simonelli, Pacho Herrera, Jaime García Parra y muchos más.
Recuerdo que el primer viaje a Bogotá para la presentación en sociedad del proyecto para la creación de nuestro departamento, que se hizo en el club militar, todos reclamaban la presencia de Andrés Becerra, personaje mítico creado por los cachacos que venían a la provincia a saborear y a deleitarse con los encantos de nuestros aires musicales y la confraternidad parrandera de nuestra región.
La parranda consistía en una reunión de amigos en las casas y patios de nuestras casas, regularmente bajo un frondoso árbol veraniego como lo inmortalizó Leandro Díaz, con música autóctona, con un delicioso sancocho y un excelente trago, donde en forma animada y exultante se relataban las incidencias del acontecer de la región, con el chiste oportuno y la tomadura de pelo que siempre irrumpía en esos festejos.
Allí en ese escenario siempre descollaba la figura de Andrés Becerra, quien con su exquisita y cordial postura, con una gracia y encanto inigualables, le daba el toque final al acto.
Todo esto viene a cuento porque la Fundación del Festival Vallenato, como reconocimiento a su vida ejemplar y a quien tanto debemos los vallenatos, honrará su nombre escogiéndolo como la figura central en el festival del próximo año.
Estoy seguro que si se realizara una encuesta entre los más grandes exponentes del folclor vallenato, se votaría copiosamente por el nombre de Andrés Becerra, para tal exaltación.
Alfonso Araujo Cotes