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Valledupar,
Jose M. Aponte Martínez
Jose M. Aponte Martínez
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Hace más de medio siglo, mi compadre, en esta región compadre es sinónimo de cariño, Isaac Carrillo, el famoso Tijito, autor de la Cañahuatera, Diez de Enero, y muchas más canciones vallenatas y excelente interprete de la música mexicana al mejor estilo de Pedro Infante, compuso un paseo que tuvo su origen en hechos vomitivos y diarreicos que sufrieron los invitados a dos matrimonios cachetosos en San Juan del Cesar cuyo titulo fue La Sal de Fruta.

La historia se ha repetido muchas veces y se repitió ahora en donde a raíz de la asistencia a otro elegante y rico festejo de nupcias matrimoniales, fueron muchas las personas que convirtieron sus casas en una sinfonía mierdística, otras hicieron lo mismo en carreteras y hospitales y algunos no aguantaron y explotaron en supermercados, iglesias, almacenes y carros y la gran mayoría lo hizo de carreras, con afán y dolor en sus baños que se rebozaron y taparon con los abundantes residuos en descomposición.

Afortunadamente, fuimos muchos quizás más de 100 los afectados por el descomunal daño, más bien dañón, porque si hubiera sido sólo yo, quizás que no hubieran dicho y el Dr. Marcelo Calderón hubiera dictaminado que en la radiografía que me hicieron lo que aparecía como masa rara era un zindungo, que me había empacado entero y crudo, pero no fui yo solo y hasta los dueños de la fiesta cayeron desde la bella y dulce novia, abuela y mamá hasta el tío y anfitrión; fue una verdadera maratón de vomito y miedda como dijo un bolivarense invitado, en donde se agotaron el Lomotil, Pangetán, Imodium, bicarbonato con limón y todos los medicamentos usados para taparse, hasta la tusa; otros usaron Buscapina, Novalgina y todos los ina para calmar los fuertes torzones y los más afectados como yo que tuve el gallinazo en el hombro, estuvimos hospitalizados y sino hubiera sido por los buenos y oportunos servicios del Hospital Marino Zuleta de La Paz, al principio, y después en la Clínica Valledupar, de pronto estuviera haciéndole compañía a mi hijo en el Cielo o también sorprendiendo a tantos amigos, que no digo sus nombres, en el Infierno, cuando yo creía que gozaban de permanencia celestial.

Ya es hora de que se tomen medidas serias en esta clase de situaciones y evitemos una posible mortandad, pues por el mal manejo que se les está dando a las ricas viandas, que en temple sirven a los invitados, que se las tragan sin degustarlas, puede producir intoxicaciones masivas que fácilmente desenlazan en la muerte y que si me hubiera sucedido a mí ya Mercy habría presentado la demanda de indemnización, no a los novios, que no andan pendiente de esa comida, sino de otra más rica, sino a los anfitriones o dueños de la casa.

Repito, los cocineros, gastrónomos, chef o como quiera llamárseles, de acuerdo a la clase social donde prestan sus servicios, deben instruir a los dueños de las fiestas sobre el manejo de los alimentos y con claridad decirles que ellos no deben permanecer más de dos o tres horas después de preparados cuando no hay aire acondicionado o cuarto frío, pues fácilmente después de ese tiempo pueden descomponerse y causar atrocidades en los estómagos e intestinos de los invitados con consecuencias irreparables y nadie va a estar contento con que lo inviten a una fiesta para envenenarlo, aunque sea sin culpa.

Jose M. Aponte Martínez

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