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Raúl Bermúdez Márquez
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El tren trinacional
17/07/2008
Hace exactamente una semana se reunieron en Punto Fijo capital del municipio Carirubana en el Estado Falcón de Venezuela, los presidentes de Colombia y Venezuela, Álvaro Uribe y Hugo Chávez, respectivamente.
Los dos jefes de Estado suscribieron un documento de entendimiento, en el que se oficializa el restablecimiento de las relaciones entre dos naciones hermanadas por la historia. El acuerdo consta de 17 puntos, la mayoría relacionados con asuntos económicos, específicamente en aspectos energéticos y de la explotación de hidrocarburos. Entre ellos, resalta la intención de construir un tren binacional que permita establecer una vía de comunicación expedita entre el golfo de Venezuela en el Mar Caribe, Ecuador y algún puerto del océano Pacífico en territorio colombiano.
Un macroproyecto estratégico de semejante envergadura, traería insospechados beneficios económicos y ambientales para ambos países. Precisemos algunas. Circulando a 80 km/h, una autopista de tres carriles por sentido permite el paso de 24.000 personas por hora. A igual velocidad, una doble vía de tren electrificada, -que ocupa dos veces y medio menos de suelo-, permite transportar 40.000 personas por hora. Para transportar mil 600 toneladas métricas se necesitan 80 camiones con 80 conductores que ocupan tres mil 600 metros de carril.
Un tren de 800 metros de largo conducido por dos maquinistas acepta ese mismo peso, sin restar espacio a la circulación por carretera.
Para la misma distancia, por cada kilovatio consumido el tren de alta velocidad transporta 170 pasajeros, el tren rápido convencional 106, el autobús 54 y un avión, sólo 20 viajeros. Por cada litro de combustible consumido, el avión transporta entre 2 y 3 toneladas cada kilómetro, el coche entre 19 y 22, el camión entre 65 y 85 y el tren alrededor de 320 toneladas.
Lo que parece ser una alternativa viable para el desarrollo de tres países que en alguna época conformaron la Gran Colombia, la fuerza de la necesidad del intercambio comercial, terminará imponiéndola a mediano plazo. Las regiones por donde el ferrocarril transite se beneficiarán ostensiblemente, por cuanto sus productos agrícolas, pecuarios o mineros tendrán una salida a cualquiera de los dos océanos a menor costo y con mayor rapidez.
Por eso la dirigencia del Cesar, -gobernantes, gremios productivos, comercio y academia-, lo peor que podrían hacer es actuar con pasividad ante la iniciativa. Aún más cuando la propuesta que se ha considerado con mayores posibilidades es que el ferrocarril conste de dos grandes ramales.
El primero que recorrería los llanos colombo-venezolanos para llegar hasta el Ecuador y el segundo que partiría del Lago de Maracaibo, llegaría a Paraguachón en La Guajira colombiana y luego atravesaría los Departamentos del Cesar, Bolívar, Córdoba, Antioquia, para culminar en un puerto del Pacífico en el Departamento del Chocó. Desde luego que se consideran otras variantes, sobretodo en el ramal del Caribe. Algunos opinan que Santa Marta y Barranquilla deberían ser destinos obligados del ferrocarril para que la carga de esos puertos con destino al Pacífico tenga una opción diferente al cruce por el canal de Panamá. De allí la necesidad de que los cesarenses estemos atentos a incidir en la definición de los estudios y diseños correspondientes.
Esta sería una oportunidad histórica de corregir nuestra paradójica condición de ser un Departamento “costeño”, pero sin costas en el Mar Caribe. Para el país, sería una gran ocasión para estrechar los vínculos económicos con nuestro segundo socio comercial, cuyos intercambios crecen a tasas exorbitantes, a pesar de algunos calenturientos que desearían que Colombia y Venezuela vivieran trenzados en disputas estériles, tal vez con la creencia maquiavélica de que en río revuelto, ganancia de pescadores.
raubermar@yahoo.com
Raúl Bermúdez Márquez