|
Valerio Mejía Araújo
|
|
 |
La unidad
17/07/2008
“A uno que prevalece contra otro, dos lo resisten, pues cordón de tres dobleces no se rompe pronto” Eclesiastés 4:12
Existen días en nuestras vidas en los que sentimos que el ambiente y la atmósfera espiritual se enrarecen.
En ocasiones percibimos que las circunstancias y las fuerzas antagónicas del enemigo se concentran para atacarnos y obstaculizar la obra de Dios, trayendo confusión, angustia, temores e incredulidad.
El apóstol aconseja: “Tomar toda la armadura de Dios, para que podamos resistir en el día malo, y habiendo acabado todo, estar firmes”.
Todos los hombres expresamos el deseo natural de superar la existencia terrena y buscar más allá de los límites espacio-temporales una razón de vivir y una luz que ilumine nuestras vidas y nuestro futuro.
Las crisis, problemas y dificultades pretenden frenar nuestro caminar y detenernos en el desarrollo de nuestras metas y realizaciones. En esos momentos de crisis y dificultad, Cuando arrecia la batalla y las circunstancias se tornan difíciles, necesitamos contar con un mínimo de seguridad, y ésta generalmente la obtenemos del apoyo y la solidaridad de nuestros seres queridos y hermanos quienes se identifican con nosotros por la fe depositada en el Dios y Padre nuestro, en la común fe y en el diario caminar como parte de un colectivo mayor que nos envuelve, llamado iglesia. ¡Podemos contar con nuestros hermanos!
En el capítulo 10 del segundo libro de Samuel, hay una bellísima historia, sobre el trabajo en equipo y la unidad y compromiso solidario que debe existir entre nosotros cuando estemos en el campo de batalla enfrentándonos a circunstancias de adversidad. Así es la historia: David agradecido y solidario, envía una delegación para dar pésame por la muerte del rey de Amón, pero los amonitas desconfiados se burlaron de la comitiva; los trasquilaron, casi desnudaron y enviaron de vuelta, humillados y avergonzados. Luego temerosos de una represalia, contratan mercenarios a sueldo de entre los sirios para hacerle frente. Cuando David oyó esto, envió al General Joab con todo el ejército de los valientes. Los hijos de Amón salieron y se pusieron en orden de batalla en el frente; Pero los sirios contratados, tomaron posiciones aparte en la retaguardia. Viendo Joab que se le presentaba la batalla de frente y desde la retaguardia, seleccionó a lo mejor de los escogidos de Israel, y se puso en orden de batalla contra los sirios. Luego entregó el resto del ejército en manos de su hermano Abisai, y lo alineó frente a los amonitas. Y dijo: “Si los sirios pueden más que yo, tú me ayudarás; y si los hijos de Amón, pueden más que tú, yo te ayudaré. Ten fortaleza, esforcémonos por nuestro pueblo y por las ciudades de nuestro Dios. Que el Señor haga lo que bien le parezca”
Que hermosa lección de unidad en medio de la batalla, Joab y Abisai, dos generales del ejército del rey David, que eran hermanos, se asociaron y tuvieron una victoria completa.
Amado amigo lector, cada uno de nosotros pelea su batalla en frentes diferentes, pero estamos construyendo un sólo muro de victoria, y la derrota de uno es la derrota de todos. Los cristianos auténticos de todos los matices, católicos, protestantes y anglicanos estamos unidos como un cordón de tres dobleces.
Hoy quiero enviarte un mensaje de unidad, solidaridad y hermandad; recuerda que si algún día me necesitas, si alguna vez te sientes en peligro inminente, si las circunstancias fallan y la batalla arrecia, siempre estaré para ayudarte. También te ruego que si sabes de alguien que te necesita, si alguien se encuentra vacío, deprimido, angustiado, enfermo u oprimido deja que venga y sacie su sed en las vasijas de tus aguas. ¡Ayúdales! ¡Somos un pueblo en Cristo!
Cristianos de la provincia: ¡Uníos! ¿Podrán los necesitados encontrar en nosotros, vasijas del Señor, una verdadera respuesta para sus vidas, esa agua fresca que calme su sed?
De algo sí estoy seguro y es que Dios quiere que apreciemos la necesidad de cada persona en particular para que le ofrezcamos nuestro amor y el agua que salpica para vida eterna. Brindemos toda nuestra atención y nuestro tiempo.
Amigo cristiano, ¿Puede Dios enviarte las almas para que calmes su sed? Recuerda que uno no puede dar de lo que no tiene.
Si tu vasija está vacía, ¡debes llenarla! Dios puede usarte para saciar la sed de muchos, pero antes tú mismo debes estar saciado y completo en él. Llénate del agua viva y ofrécela a todos los sedientos.
Dios quiere usarte como factor de alivio, elemento de unidad y bendición a otros. Disponte y dile conmigo: “Querido Dios, estoy listo para ayudar a otros. Quiero ser un oasis para las vidas sedientas, te lo pido en el Nombre de Jesús. Amén”. Te mando un abrazo y mi respaldo en oración para todo lo que hagas. Recuerda: Tú tienes lo que a otros le falta. “Si los sirios pueden más que yo, ayúdame; si los hijos de Amón, pueden más que tú, yo te daré ayuda”
valeriomejia@etb.net.co
Valerio Mejía Araújo