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Gustavo Rodriguez
Gustavo Rodriguez
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La Lámpara de Aladino
14/07/2008

Nada más frotarla, Aladino obtenía de la maravillosa lámpara lo que él deseara: riquezas, poder, bellas mujeres, etc. Más aún, el prodigioso artefacto, le facilitaba el cambio de las circunstancias que rodeaban su entorno.

Pues bien, el computador de ‘Raúl Reyes’ ha venido a ser, para el gobierno actual, la Lámpara de Aladino, en plena era posmoderna y en los albores del siglo XXI. Pero, ¿por qué dice esto?, preguntará el ingenuo o el despistado de marras. Pues, porque los hechos ocurridos este año, así permiten afirmarlo. Basta que el gobierno o sus áulicos necesiten desprestigiar a alguien, para que, por arte de birlibirloque, salga a raudales del dichoso computador, toda la información necesaria que permita inculpar al osado. Basta que alguien se atreva a estar en desacuerdo con Uribe y, así, lo manifieste, para que de manera inmediata y prodigiosa, el mágico computador encuentre información que vincule al hereje con la subversión. De inmediato, aparecen datos, fotos y demás lazos que demuestran la alianza del blasfemo con las Farc.

Y si no, ¿qué es el caso del ciudadano suizo que osó decir que había habido pago por el rescate de Ingrid y de los tres oficiales gringos que fungían de contratistas, pero que resultaron ser espías, sino un artilugio de la magia de esta moderna Lámpara de Aladino? Y se menciona el pago por el rescate, a Ingrid y a los tres neo militares, pues a los miembros del Ejército y de la Policía colombianos, se les rescató de contera, es decir, por un golpe de la suerte, por haber estado en tan buena compañía en el momento oportuno. Pero, la operación, haya sido resultado de la investigación y de la sagacidad de las Fuerzas Militares, o haya devenido como contraprestación a una recompensa, logró sacar del oneroso cautiverio a esas personas que se pudrían en la selva. Y, eso, es lo más importante. Pero bastó que alguien dudara de la “inteligencia superior” de Uribe (según expresión de su ministro Arias), para que, más tardara el suizo en decirlo, que su nombre aparecer en el computador mágico.

Y antes de que salte la liebre de la suspicacia en la mente de los malintencionados, aclaremos que aquí, en este momento, en esta columna, no se está menospreciando la obtención de la libertad de Ingrid y de los tres gringos, sean éstos espías, militares o contratistas; eso es lo de menos. Ni mucho menos la libertad de los oficiales, suboficiales, soldados y policías, lograda por puro azar; porque al fin y al cabo, que no se nos venga decir que ellos estaban dentro de los planes del rescate.

Eso sería tanto como pensar que en un futuro rescate o intercambio, se vayan a tener en cuenta a los cientos de soldados y policías que llevan diez o más años secuestrados. Para ellos, sólo hay marchas, protestas, desgarramiento de vestiduras; pero voluntad para traerlos a la libertad, poca o ninguna. El mismo Uribe, en su encuentro con Chávez, lo dijo: “Ahora, sólo nos falta rescatar a los 17 restantes.” Porque, para el establecimiento, hay secuestrados de primera, de segunda o de quinta categoría.

De todos modos, haya sido producto del pago de recompensa o por labores de investigación e infiltración, bienvenidos a la libertad, todos los rescatados. El regocijo y el alborozo son nacionales. Lo chocante es el artilugio del gobierno y sus áulicos de querer desvirtuar, a todo trance, cualquier información contraria a su propio evangelio, solamente con el desprestigio, logrado a través de los datos sacados dizque del computador, más que mágico, de ‘Raúl Reyes’ y no basándose en argumentos.

Pues, pienso yo, y es probable que otros colombianos lo crean también, que son los argumentos los que demuestran los asertos. Por ejemplo, al hereje suizo, se le habría podido conminar para que presentara las pruebas que dieron pie a su información. Si lo hacía y el gobierno las lograba desvirtuar, con hechos y argumentos, quedaba zanjada la discusión. Si no las presentaba, sería una prueba clara de su engaño. Ahora si al pedirle pruebas de su aseveración, el suizo blasfemo, no aportaba ninguna, su confesión de culpa caía de su peso. Así de fácil. Lo que, otras veces, hemos dicho en esta columna:
“…al enemigo no se le vence, llenándolo de injurias u oprobios y menos desprestigiándolo; no, al enemigo se le vence con argumentos…”; a menos que éstos no existan. Entonces, lo mejor es callar, mas no injuriar al contrario; pues de hacerlo, se enloda más el que ofende, que el supuesto ofendido. Preferible callar, antes que ofender al adversario. No olvidemos que la Historia, a menos que se la amañe, se la adultere o se la tergiverse, termina por sacar las verdades a flote.

Gustavo Rodriguez

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