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Limedes Molina Urrego
Limedes Molina Urrego
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Ver volver a Íngrid Betancourt a la libertad junto a sus 14 compañeros de cautiverio es como si estuviésemos siendo libres todos. Cada quien se vio interpretado en esta mujer que nos hizo llorar cuando su imagen pálida y a punto de morir dio la vuelta al mundo, acompañada de una carta, obra maestra de la literatura actual.

¿Quién no celebró en el país lo ocurrido?, ¿quién no se quita el sombrero ante nuestro ejército?, ¿quién no se siente por estos días más que nunca, orgulloso de ser colombiano?

Creo que todos damos gracias a Dios de vivir en el país en donde abunda el pecado, pero sobre abunda la gracia de nuestro Creador.

Pero también vivimos en el país que se deja llevar de las emociones,  a tal punto que la objetividad que nos debe invadir en todo momento se viene al suelo,  y ya comenzamos a postular para un tercer mandato y hasta para un cuarto, a nuestro Presidente.

¿Se lo merece? Claro que si teniendo en cuenta los resultados, pero recordemos una vez más que se trata de un hombre, con huesitos y carnitas como él mismo lo afirma, y no pretendamos entronizarlo como la palabra viva que debe motivar nuestra existencia.

Si, somos un país de emociones. Tan es así que ya muchos están dando por hecho  que Ingrid Betancourt será canciller en reemplazo de Fernando Araujo. Pero, ¿por qué hacerle ese daño a la recién liberada? ¿Queremos quemarla como al actual canciller?

Porque si bien es cierto Uribe dio un golpe de opinión al designar a Araujo como canciller poco después de escaparse de las Farc, también es cierto que su popularidad no ha podido crecer como él tal vez imaginó,  y por el contrario un grueso sector de la opinión pública lo raja.

Si Betancourt decide entrar al gobierno actual, sería una hecatombe para su futuro político, ya que estaría en el gobierno de un hombre que sostiene una popularidad del noventa por ciento, pero no la comparte con ninguno de sus compañeros, no porque no quiera, sino debido a que el país quiere a Uribe, y solo a él, a pesar de que él mismo  nos ha querido meter por los ojos a ‘uribitos’ que parecen no llegarle a los tobillos.

Queda claro entonces que si la ex secuestrada decide irse al lado del presidente como canciller, estaría crucificándose innecesariamente para sostener la popularidad del Mandatario.

Esa decisión sería dejarle a la oposición y a los mismos gobiernistas hacer con ella, lo que la selva no pudo: comérsela viva.

Entonces, ¿Presidente? Decir que si en el momento es seguir en el juego de las emociones. Habría que esperar a ver su desempeño como embajadora de buena voluntad, abanderada de la libertad y en camino de un Nóbel de la paz que es donde en el momento luce, porque quedó claro que el presidente actual en vez de poner en riesgo su reelección al sacar de la selva a la que sería la cuchilla para su propia garganta, más bien se disparó como todo un súper héroe.
 
 
lmu1010@hotmail.com

Limedes Molina Urrego

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