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Óscar Andrés Ariza Daza
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El reconocimiento capital al Gobernador
14/07/2008
Por estos días el reconocimiento que se le ha negado al Gobernador en el Cesar se le está haciendo en la capital del país.
Debo confesar que me produjo sorpresa la columna ‘Golazo del Gobernador’, del jurista y periodista Jorge Leyva Valenzuela, ex candidato a la Alcaldía Mayor de Bogotá, publicada el pasado jueves en este diario, en la que valora el acierto del Gobernador al planificar un proyecto sólido y renovador que involucra todo el tejido social, referido a derechos humanos en el departamento. Estos comentarios orientan positivamente a la ciudadanía cesarense porque provienen de un personaje político y académico destacado nacional e internacionalmente, quien hace el reconocimiento desde una mirada externa, no comprometida políticamente con algún sector del Cesar, pero sí con la objetividad.
Extraño resulta que mientras afuera se valoren los esfuerzos del Gobernador en su gestión de dimensionar un nuevo Cesar, los enemigos del cambio, (esos acostumbrados a que el Cesar se administre como finca, a cuyo capataz le entregan un dinero para gastarlo sin planificación alguna que lo lleve más allá de solucionar problemas mediáticos y particulares) critiquen al gobierno bajo el argumento de que no arranca aún, como si la verdadera apuesta a la modernidad se evaluara sólo desde la infraestructura física y no desde un proyecto de desarrollo que apunte al mejoramiento de su base ética, democrática y social.
De nada sirve arrancar como cualquier otro gobernante, con carreteras nuevas y muchos cadáveres en sus cunetas, como sucedía en el pasado, porque la intolerancia y la exclusión no fueron tratadas como uno de los males endémicos del Cesar, tampoco sirve arreglar vías y electrificar veredas, si los campesinos no viven en ellas por miedo a que se cumplan las amenazas, de nada sirve adjudicar a la topa tolondra contratos de alimentación para escuelas si la mayoría de los alimentos están descompuestos o sometidos a robo, cometiendo un crimen mayor contra los niños; no sirve abrir licitaciones para hacer acueductos, pavimentar calles o parques, si quienes contratan no tienen conciencia plena de que los recursos se deben invertir en la obra, sin robarse el dinero que aportamos con impuestos.
Siete meses terminan siendo insuficientes para poner una casa en orden, para sanear todas las aberraciones cometidas contra el erario y el pueblo. No obstante, por encima de las críticas de quienes no toleran que la forma de gobernar esté cambiando, la labor del Gobernador supera a otras que arrancaron en su parte instrumental sólo después de año y medio de administración, pero que en su dimensión de respeto y dignidad por los derechos humanos nunca despegaron. La gobernabilidad deberá superar las preocupaciones del tiempo para convertirse en un compromiso institucional a muchos años.
Bastante se ha recuperado la imagen del Cesar gracias al trabajo que adelanta la administración. En la feria de las colonias en Bogotá, se siente el gran aprecio y la credibilidad que el país le tiene al Cesar, al rescate de su institucionalidad, al esfuerzo del gobierno departamental que sabe qué quiere y hacia dónde debe ir la región; así lo indican los reportes oficiales en radio, televisión y prensa escrita que muestran que mientras se está edificando todo este proyecto moderno al alcance de todos, también se vienen haciendo inversiones en materia de infraestructura, cobertura en salud y educación en todo el departamento, gracias a las alianzas productivas con el sector privado y la comunidad internacional.
Notable que se esté construyendo un modelo autónomo de calidad de la educación que repercuta también en la erradicación del analfabetismo, para garantizar que el Cesar pueda transitar en una modernidad regulada por la educación y la identidad regional desde principios morales, democráticos y productivos que la impulsen a asegurar su futuro a partir del respeto por los demás y por los bienes públicos.
Importante la generación de proyectos productivos como el del Puerto Seco en Bosconia que impulsará el desarrollo económico del Cesar, pero sobre todo, la lucha del gobierno para erradicar una cultura de la ilegalidad enquistada durante muchos años, que se niega a creer que las cosas deban hacerse con limpidez. Lo otro, son sólo críticas con intenciones politiqueras que desconocen los niveles de consenso alcanzados para la toma de decisiones y que otrora nunca pudieron conseguirse porque no hubo oportunidad de concertar.
arizadaza@yahoo.com
Óscar Andrés Ariza Daza