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Luis Augusto González Pimienta
Luis Augusto González Pimienta
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La puerta de vaivén
14/07/2008

Conversar con Moncada es siempre grato y aleccionador. Su peculiaridad consiste en analizar los hechos del momento por medio de símiles. Cuando me detuvo en la calle imaginé todo menos que me fuera a hablar de la puerta de vaivén, aquella que comunica dos salones con movimiento intenso de personas y que se abre con un leve impulso de cualquier parte del cuerpo sin usar las manos ocupadas.

Se extendió un poco para contarme que las hay de una o de dos hojas y que es imprescindible la ventanilla para impedir que se tropiecen los que van con los que vienen. Entre la cocina y el comedor permiten pasar las bandejas de alimentos sin que se le caigan al portador.

Antes de terminar de asimilar la explicación me espetó: “Chávez utiliza a Uribe como puerta de vaivén”. Sí, no se ha dado cuenta del cambio brusco de actitud. Toda una metamorfosis: del lenguaje provocador, agresivo e insultante, pasó, sin solución de continuidad, a una dulzura y afabilidad incomparables. Como la puerta de vaivén: va y viene.

Sin permitirme interpelaciones siguió su disertación. Estuvimos muy cerca de una confrontación armada con Venezuela cuando el presidente Chávez ordenó mover las tropas hacia la frontera común.

Su disgusto provino de que su intermediación para liberar secuestrados fue cortada sin previo aviso por el presidente Uribe.

De este lado se atribuye el giro de ciento ochenta grados del mandatario vecino al hallazgo de pruebas en el computador de ‘Raúl Reyes’ que lo comprometen seriamente. Otras voces señalan que en realidad fue una movida instruida desde Cuba por Fidel Castro, quien vio peligrar la armonía suramericana en beneficio exclusivo del imperialismo norteamericano, y bien se sabe que Chávez atiende a pie juntillas los consejos del veterano líder.

Todos tienen razón, continuó Moncada, pero a esa sopa le falta un condimento. Lo que pasa es que la situación interna del hermano país no le es favorable a Chávez. En un primer momento trató de paliarla recurriendo al nacionalismo e improvisó un conflicto con Uribe, secundado por el ecuatoriano Correa, quien sigue metido en el embrollo. Al igual que está haciendo ahora Evo Morales con Alan García.

Pero los sucesivos acontecimientos favorables que catapultaron la popularidad de Uribe a límites insospechados, extendida al campo internacional, lo hicieron recular. Los mismos venezolanos miran con gran simpatía al presidente colombiano y eso no le conviene a Chávez.

Pensando como está en las elecciones regionales de noviembre próximo, con una imagen deteriorada en el interior y una oposición pujante, nada mejor que unirse al carro de la victoria uribista. Recomponer las relaciones con Colombia es su meta inmediata y necesaria. Después, no se sabe que vendrá.

Terminó Moncada con esta reflexión: lo contradictorio del asunto es que la cita para limar asperezas con Uribe fue un sitio llamado Punto Fijo, y las puertas de vaivén son esencialmente móviles.

Sin haber musitado palabra me despedí de Moncada. Al llegar a mi casa miré con sumo respeto la puerta que une a la cocina con el comedor. Por poco le hago una venia.

Luis Augusto González Pimienta

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