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Mary Daza Orozco
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Recordar: un acto de fe
14/07/2008
Colombia ha marcado hitos que le han dado un respiro, un alivio a su dura y larga angustia. Los más sonados, en los últimos tiempos: el premio Nobel a Gabriel García Márquez, que fue un disparo en la sombra, volvió la literatura latinoamericana a acaparar la mirada del resto del mundo.
El cinco a cero de la Selección de Fútbol, contra la de Argentina. Fue el desbordamiento de un país que se sintió grande, alegre, la locura y hasta la muerte. Todavía, a pesar de ridículas actuaciones que ha tenido el fútbol colombiano es mirado con cierto respeto, por los que recuerdan, sí, por los de buena memoria.
Sería absurdo olvidar la marcha, en contra de la violencia, de julio del dos mil siete, cuando el pueblo despertó; cuando el pueblo sacó la cabeza que había enterrado en el suelo y la alzó, miró hacia el sol. Fue como un estremecimiento de un país sumido en las profundidades de un sueño indiferente. Fue la patria erguida, repudiando, apoyando, exigiendo la libertad. Algo para nunca olvidar.
Y de este año no sólo Colombia sino el mundo no podrá olvidar el operativo de nuestro ejército que dio como resultado la liberación de quince secuestrados, a pesar de que sigan las críticas y de le crea más a la guerrilla que a las autoridades, compatriotas que han llegado a manifestar tantos y tantos desafueros sólo por el hecho de que no gustan del presidente. Pues bien la historia universal, como dijo uno de los norteamericanos liberados, no va a olvidar este acto de valía del pueblo colombiano. Aunque sigue con su mala memoria, memoria frágil por genes, o como mecanismo para espantar el dolor, o por mala índole, por indiferencia, o por acostumbramiento, o por despiste, en fin, nos mata la falta de memoria para lo bueno y para lo malo también.
Se espera que la mala memoria sea un proceso de desgaste por los años, con excepción de las terribles enfermedades que la atacan. Es un proceso igual al de perder la elasticidad de la piel, la fortaleza de los músculos, de los huesos, y todo el deterioro que se va acrecentando con el pasar de los días. Hay, sin embargo, personas que llegan a la vejez con una memoria extraordinaria, por genes, por el ejercicio mental permanente, por quién sabe qué don. Pero que terrible es comprobar que un país se ha vuelto desmemoriado, sólo por el temor a sufrir, o porque no le importa, o por salvarse de juicios, porque algo que es constante en todos los que delinquen en cualquier país, es la falta de memoria, ah, pero esa es la que llaman falta de memoria estratégica.
No podemos hundirnos en ese querer olvidar, el rescate de los quince secuestrados que hizo que el mundo nos admire, siempre debe estar en la memoria, tiene que seguir en nuestras retinas, en nuestras plegarias, por los que se quedaron, por los que anhelan volver a casa, para que no se repite esa época febril de los numerosos secuestros. No podemos olvidar sólo así evitaremos caer de nuevo en la modorra, en el olvido que es la peor ofensa para la patria, para los seres que amamos.
Que nuestro accionar diario sea una perfecta marcha blanca, como aspiro a que sea este Veinte de Julio, en la que hagamos un verdadero acto de fe, en que ellos, los que quedaron esperanzado entre temores y sobresaltos van a volver, porque Colombia rescatará su herencia de tierra buena, porque cada uno de nosotros hemos comenzado a tener conciencia de que el problema no es del Gobierno, es de cada uno de los colombiano, que volverán a salir por los caminos de la patria con la sonrisa franca y la esperanza al viento.
Mary Daza Orozco