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Julio César Londoño
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Íngrid saca las uñas
12/07/2008
El 2 de julio Íngrid Betancourt descendió la escalerilla del avión de un uribismo subido. Lucía un camuflado de uso privativo de las Fuerza Armadas, alabó la ‘impecable’ operación Jaque, escuchó el Himno Nacional con la mano en el corazón, dio gracias al cielo, a la Virgen Santísima y al Presidente, explicó que la primera reelección había sido clave para darle continuidad a las políticas de Estado que tienen vuelta ‘chicuca’ a las Farc y dejó entrever que no le disgustaba la posibilidad de una segunda reelección.
Así tenía que ser. Una princesa como ella, educada en los mejores colegios del mundo, escritora aplicada, pianista aceptable y dueña de un francés perfecto no podía ponerse a criticar a su salvador en sus primeras declaraciones. Ni permitió que su madre lo hiciera, y la calló con un dulce pero firme “no mamita, no”, cuando la señora Pulecio iba a empezar a decir yolandeces. “No mamita, no”, la interrumpió acariciándole el rostro para atenuar el golpe.
Pero cuatro días después le dijo a la BBC Mundo las cosas que una princesa de carácter tiene que decir: “Entre Uribe y yo hay un abismo, él concibe el problema colombiano como una crisis de seguridad que produce un malestar social. Yo pienso al revés: que es el malestar social el que produce violencia”.
Cuando le preguntaron sobre el proceso de la parapolítica le clavó a su salvador uno de esos puñales perfumados que las princesas esconden en el liguero: “Eso es grave, profundo, necesario. La justicia ha hecho un gran trabajo. Es complicado porque la parapolítica toca los cimientos del apoyo al presidente Uribe a nivel político. Hay que decirlo. Todo el mundo lo sabe. No estoy diciendo que Uribe sea paramilitar. No. Pero el hecho es que los que están a la derecha, y en particular en la extrema derecha, los paramilitares, le dieron el apoyo a Uribe. Entonces, claro, el Presidente hoy se encuentra con un congreso diezmado, porque todos los que eran paramilitares, que eran la mayoría, que eran los que lo habían apoyado, están en la cárcel”.
Cuando le preguntaron sobre el referendo propuesto por Uribe, sacó del corpiño un precioso alfiler: “Eso no cambia nada. El presidente puede inventarse 800 referendos y puede que los colombianos lo vuelvan a elegir 30 veces, pero la justicia tiene que seguir su curso”.
Insaciable como buena francesa, agregó: “El único país de la región que todavía tiene guerrilla es Colombia y por eso es que estamos en la extrema derecha. Sin Farc no hay Uribe. (La princesa es de izquierda como todo intelectual que se respeta). Y cuando le preguntaron si renunciaría a su ciudadanía francesa para ser Presidente de Colombia se permitió una última ironía: “Va a tocar hacer una reformita constitucional...” (risas).
Así las cosas, el monolítico 85% enfrenta ahora un serio dilema: ¿con quién se queda, con santa Íngrid o con herr Álvaro? La mayoría seguirá con el Presidente, por supuesto, pero Íngrid le morderá una buena tajada de la opinión pública y engrosará las filas de la gavilla de la oposición. Está en su naturaleza. Y será un adversario temible. El Presidente maldecirá un día la operación Jaque.
Julio César Londoño