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Julio Oñate Martínez
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El Cabaret
10/07/2008
Esta palabra de origen francés comenzó a emplearse desde el siglo XIX, significando originalmente una taberna, pero ya en el ámbito internacional representaba una sala de espectáculos generalmente nocturnos donde se combinaban música, danza y canción, incluyendo a veces humoristas, magos y otras artes escénicas, con servicios de bar y restaurante en la mayoría de los casos.
Fueron muchísimos los artistas que salieron del anonimato a través de sus actuaciones en los cabarets de moda, o sitios de diversión.
El primer cabaret famoso que registra la historia fue ‘Le Chat Noir’, fundado en el barrio de Montmartre de París, en 1881, cuya clientela habitual la componían principalmente escritores, pintores y estudiantes de Bellas artes.
‘El Moulin Rouge’ (‘Molino Rojo’) se construyó en 1889 en el parisino barrio Pigalle, famosísimo mundialmente por sus
bailarinas de Can Can. Por la misma época aparecieron ‘Los Cuatro Gatos’ y ‘El Molino’, ambos en Barcelona, España.
En 1901 se creó el primer cabaret alemán conocido ‘El Uberbretti’. En este país tuvieron gran preponderancia hasta la llegada de Hitler al poder con la consabida fuga y exilio de muchos artistas de origen judío o que no compartían su ideología. Después de la Segunda Guerra Mundial los hoteles más importantes de las grandes ciudades como Londres, New York o Paris empezaron a tener un cabaret con orquesta y pista de baile.
En Suramérica su aparición estuvo influenciada por las giras que algunas compañías musicales realizaban en el continente como ‘La Bataclan’ de París. Su éxito en Buenos Aires fue tan profundo que generó la creación del cabaret ‘El Armenonville’ en 1910.
México publicitó en todo el mundo latino sus numerosos cabaret a través de las películas en blanco y negro siendo quizás el más famoso el ‘Salón México’ con un concepto algo diferente al de un original cabaret, con sus tres salones diferenciados por la condición social del populacho que allí se aglutinaba. Uno era el salón ‘Cebo’, para absolutamente proletario y gente sin zapatos lo cual provocó un recordado letrero que decía: “No tirar colillas porque se queman los pies de las damas”. El segundo, conocido como el de ‘Manteca’ para comerciantes y gente de medio pelo con saco prestado y el tercero el de ‘Mantequilla’ al que entraban extranjeros, políticos, intelectuales, gente de billete y los lagartos que nunca faltan.
El valor de la entrada era igual para todos y por una misma puerta pero adentro se separaban y cada cual se instalaba en su salón favorito de acuerdo al pelaje.
Desde 1920 hasta 1960 el ‘Salón México’ fue toda un época y un hecho significativo para la vida nocturna de la capital. Allí siempre se bailó la música de moda en cada temporada, pero fue el danzón el ritmo que más taconearon los manitos.
Internacionalmente los cabaret en muchísimos casos fueron concebidos con la finalidad de ser lugares de entretenimiento como fue ‘El Tropicana’ de la Haban en Cuba hacía 1930 y el Lido de Paris en 1946.
Quizás único en el mundo ‘El Tropicana’ cubano fue y sigue siendo entre los famosos un cabaret al aire libre que traquea y funciona bajo las estrellas donde un enjambre de fogosas mulatas de caderas asesinas nos hacen siempre volver la noche siguiente a convencernos sin lugar a dudas que este el ingrediente para mantenerle durante casi un siglo de existencia el tabaco encendido a Fidel Castro. Hoy en día, todos los hoteles de prestigio en La Habana tienen su flamante cabaret.
Igualmente, en nuestra capital Bogotá, durante los años 40 y 50 del siglo anterior funcionó en el exclusivo Hotel Granada un memorable cabaret pero ya con el nombre de Grill, el cual años más adelante fue opacado por el cachetoso Salón Rojo del Hotel Tequendama.
De ambiente más popular recordamos a ‘Noches de Colombia’, un centro de espectáculos musicales donde hacían presencia los artistas de fama que llegaban al altiplano.
En próxima columna recordaremos la época de esplendor de los criollos cabarets vallenatos.
manuelitomanuelo2@yahoo.com
Julio Oñate Martínez