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Valledupar,
Jose M. Aponte Martínez
Jose M. Aponte Martínez
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Y nadie dice nada
10/07/2008

Como gozo del privilegio de tener acceso a la prensa con una columna de opinión, son muchas, pero bastante, las personas que me abordan para manifestarme sus inquietudes y pedirme que se las comente. A veces lo hago, otras me río por dentro cuando algunos agazapados, de los que tiran la piedra y esconden la mano, me dicen algo creyendo que soy un pendejo y a la mayoría los ignoro porque son comentarios necios e inocuos.

En esta oportunidad, el médico Héctor Ibarra, amigo, contertulio y compañero de lides billarística, el académico y yo empírico, me ha remitido una carta, que por su importancia trascribo textualmente, pues los temas son interesantes y vienen como anillo al dedo.

Dice: “Una de las preocupaciones del mundo es la alarmante contaminación ambiental del aire, agua, suelos, acústica, visual, etc., aquí en Colombia se han tomado decisiones importantes al respecto y tratan de reducir la contaminación acústica producidas por los pitos de los carros y equipos de sonido estridentes también en los carros y residencias, pero no se están aplicando normas sobre sanidad como aquella de obligar a los dueños de mascotas, caballos, mulas y burros a recoger los excrementos y orines, que cuando sale el sol hieden a burro muerto ó algo peor y que desprevenidamente pisamos y llegamos a infestar nuestras residencias. Y nadie dice nada. El que llega a Valledupar por primera vez se admira de tantas cosas buenas: gente hospitalaria y atenta, avenidas anchas, rectas y hermosas como hermosa es su arborización, buenos servicios públicos, universidades y colegios públicos y privados, pero les llama poderosamente la atención la actitud hostil de los dueños de carro al utilizar el pito de manera exagerada hasta para saludar a los peatones y se llevan la impresión de que aquí el más importante es el que tiene el pito más fuerte o el equipo de sonido más potente. Para que hablar de las motos, le quitan los silenciadores y parecen aviones de los antiguos porque los nuevos ya no hacen ruido. Y nadie dice nada. A los perros deben de ponerles bozales para evitar accidentes, que todos los días los hay, especialmente aquellos catalogados de alta peligrosidad, no lo hacen y son un peligro alarmante. Y nadie dice nada.

Todo lo anterior mi estimado José, produce contaminación, desdice y afea nuestra bella y querida Valledupar y nadie dice nada, te ruego que tú digas algo. Cordial abrazo, Héctor.”

Agrego yo, llegó la hora de comenzar a preocuparnos por la contaminación ambiental, comenzando por DPA o antigua Cicolac que tiene al volverse locos con el ruido y por la contaminación de olores a sus vecinos, ya que ellos permanentemente tienen en la punta de la nariz el olor a dulce de leche y en el oído un ruido extraño y si no le ponemos coto a esta situación nos van a recoger “cocíos” o fritos con estos calores infernales.

Aclaración y disculpas: apareció una llamada en mi celular que no registraba el nombre del usuario ni el número, como tampoco la leyenda “número privado”, que tres o cuatro amigos cumbos tienen y la pantalla estaba en blanco, pero el celular timbraba y extrañado contesté y oí una voz desde muy lejos que me dijo:

“Bonita vaina la tuya José Aponte, de un plumazo acabaste con mi obra y le cambiaste de nombre, te recuerdo que no es Vallenatón sino Lexicón Vallenato, que bastante trabajo y sacrificio me costó hacerlo, para que tú olímpicamente lo vengas a ignorar, tenei cáscara. Saludos al mundo”, y sin decir quién era, colgó.

Jose M. Aponte Martínez

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