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Valerio Mejía Araújo
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El ayuno y la oración
10/07/2008
“Pero vendrán días cuando el esposo les será quitado; entonces, en aquellos días ayunarán”.
San Lucas 5:35.
Dios ha provisto un camino para trasformar ciertas derrotas en victoria, y para que ciertas debilidades se conviertan en fortalezas de su amor y su poder. Este método es el ayuno acompañado de la oración.
Ayunar es abstenernos de comer o beber, para dedicarnos al compañerismo con Dios en oración. Así, el mensaje espiritual que estoy enviándole a Dios es que él es más importante y significa mucho más que mis propios apetitos, deseos y necesidades. No debe ser tomado como un sacrificio –aunque ciertamente mortifica la carne- sino como un deleite y una oportunidad única de comunión y compañerismo con Dios.
La vida ‘light’ en que vivimos nos ha robado el encanto de ciertas disciplinas del espíritu y dejado indefensos frente a los ataques, crisis o problemas que se nos presentan en el diario caminar y nos ha quitado la posibilidad de reaccionar con valentía a través del poder secreto del ayuno y la oración.
Creo que todos los cristianos, sin distingo de denominaciones, debemos entrar en un nuevo tiempo para valorar y privilegiar la práctica del ayuno, acompañado de oración.
Puesto que Jesús es nuestro modelo perfecto, y puesto que se nos ha ordenado hacer sus mismas obras, es necesario que le imitemos en las obras que hizo. Encuentro oportuno, compartir que la primera obra que Jesús hizo antes de iniciar su ministerio público fue precisamente ayunar y encontrar allí el secreto del poder. Necesitamos que el secreto del poder de Jesús, sea también el secreto de nuestro poder para enfrentar con éxito las pruebas y adversidades que nos sobrevendrán.
Por supuesto que Dios espera que oremos y ayunemos. El Sermón del Monte, dice: “Cuando ores…” “Cuando ayunes…” dando a entender que Dios sí espera que esta sea una práctica regular de todos sus hijos.
Los beneficios del verdadero ayuno, son inmediatos: “Entonces nacerá tu luz como el alba y tu sanidad se dejará ver enseguida; tu justicia irá delante de ti y la gloria del Señor será tu retaguardia. Entonces invocarás, y te oirá el Señor; clamarás y dirá él: Heme aquí”.
Debemos ayunar por diferentes motivos: Por obediencia a la Palabra, para humillarnos delante del Señor, para vencer las tentaciones, para ser purificados y limpios, para ser fuertes en alguna debilidad, para liberar el poder y la unción sobre nuestras vidas, en tiempos de crisis y dificultades, para buscar la dirección del Señor en algún asunto particular y para aumentar nuestro entendimiento de la revelación Divina.
Querido amigo lector, creo que la posición más cercana al triunfo es la humildad. Y la mejor manera de humillar nuestro corazón delante de Dios es ayunando con oración. “Lloré, afligiendo con ayuno mi alma”. Además, la mejor manera de permanecer de pie ante los hombres y las circunstancias, es permaneciendo humildes delante de Dios. “Allí, junto al río Ahava, proclamé un ayuno para humillarnos delante de nuestro Dios y solicitar de él un buen viaje para nosotros, para nuestros niños y para todos nuestros bienes”.
En San Mateo 17, hay una bella historia de por qué los discípulos de Jesús fracasaron en un intento de sanar el hijo enfermo de un anciano. Y cuando se acercaron aparte y le preguntaron la causa de su fracaso, Jesús les respondió: “Por vuestra poca fe y por falta de oración y ayuno”. Lo cual nos introduce de una, en los requisitos fundamentales de la vida victoriosa:
Primero, fortalecer nuestra fe en Jesús. Afianzar nuestra confianza en él sobre nuevas bases de conocimiento. Desechar toda carga y todo peso que nos impida correr hacia delante en pos de él.
Segundo, introducir en nuestra vida diaria la práctica del ayuno y la oración. En ocasiones, nos podemos enfrentar con problemas, montañas o circunstancias que nos desbordan, que son más grandes que nuestras fuerzas, para las cuales son inefectivos los medios tradicionales y necesitamos un método superior como la oración y el ayuno. “Pero este género no sale sino con oración y ayuno”.
Querido amigo, hoy te invito que así como Moisés, Jonás, Ester, Esdras, Josafat y tantos otros experimentaron liberación para sus vidas, sus familias y su nación, también nosotros entremos en una nueva dimensión de victoria para todo lo que hagamos, a través del ayuno y la oración.
Dile conmigo en oración: “Amado Dios, enséñame a ayunar y a buscar tu rostro en oración, a descubrir el poder del Espíritu Santo dentro de mí, capacitándome para la victoria. Gracias. Amén.”
Te mando un abrazo en oración, recuerda que el poder oculto del ayuno y la oración pueden cambiarlo todo. ¡Bendiciones para ti y los tuyos!
valeriomejia@etb.net.co
Valerio Mejía Araújo