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Germán Piedrahíta R.
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Valledupar ¿de quién?
09/07/2008
Realizando un ejercicio en uno de los talleres de la Usaid, sobre los sitios representativos de nuestra ciudad y de allí nacieron una buena cantidad de preguntas sobre lo que somos, sentimos y queremos a la ciudad para vivir en ella.
El recorrido lo iniciamos desde el corazón de la ciudad: la plaza Alfonso López y desde allí, hacia cada uno de sus costados fuimos repasando nuestra memoria y nuestros conocimientos ciudadanos.
Pero para mí este recorrido me señaló, con perdón de muchos, la triste figura de un conglomerado de viviendas habitadas por gente que pareciera llegada desde lo mas profundo de las selvas y en el mas grande analfabetismo social.
La Plaza es usufructuada por mucha gente como sede de negocios, como sitio de esparcimiento, como lugar de reuniones pero pareciera que todos pasaran por ella como si fuera un espacio al que se tiene rabia. La tarima, tan querida por todos, sirve como orinal, como basurero, como sitio para tropelías y nadie se atreve a confrontar a los que la rebajan. Todos somos dueños pero todos somos indiferentes.
Y caminemos para donde quiera. Tenemos parques que todos destruimos. Calles que todos enmugramos. Construcciones para muchos servicios que todos irrespetamos. Monumentos que todos desconocemos. Colegios, universidades, hospitales, clínicas, bancos, hoteles, cines, almacenes, emisoras, todo aquello que es nuestra ciudad, NUESTRA CIUDAD, pero pareciera que no fuera de nadie o solo de las entidades que sí deben ayudar `pero que no son las únicas responsables.
Claro que la policía debe vigilar; los bomberos, colaborar; Interaseo, limpiar y asear; Emdupar, llevar la mejor agua del mundo a todas partes; Tránsito, controlar la movilidad; Salud, prevenir enfermedades y así todas las entidades cumplir con su objeto contractual, pero ¿cual es nuestro objeto social?
Será que si no tenemos a miles de compatriotas trabajando en todos esos servicios nuestra ciudad seguirá siendo invivible? ¿Será que mañana, como todos los años, seguiremos culpando al alcalde de turno por nuestra indiferencia, nuestra falta de amor ciudadano, nuestra desidia social?
Veíamos que dos son los elementos socializantes de todo ciudadano: uno la familia y otro los centros de educación, desde la primaria hasta la universidad.
Y precisamente sigamos recorriendo la ciudad y preguntando que pasa con nuestras instituciones educativas cuando no notamos y menos sentimos su aporte en la formación de sus alumnos. Seguramente usted pasa por frente a un colegio, corporación o universidad y sí ha notado que el área de influencia de estas instituciones no nos indica que por allí ellas existan. Los sectores aledaños son sucios, enmontados, desaliñados y hasta los avisos y fachadas se ven feas. Sería una buena respuesta ciudadana y para la formación de nuestros habitantes que estas cedes se hicieran responsables de los separadores, de los andenes, de los árboles, postes, glorietas, esculturas y todo lo que se encontrara en su entorno para que desde allí, su sede educativa, todos sintamos que sí queremos donde vivimos. Y esto es solamente un pequeño aporte porque debería ser este el comportamiento de nuestros vendedores estacionarios, de los ambulantes, de los dueños de almacenes, de todos nosotros que nos quejamos de lo feo y lo malo pero no hacemos nada para cambiarlo. ¿o si?
Así que empiece, usted en su casa, usted señor profesor con sus alumnos, inicien la confección del mapa, desde su casa, desde su colegio, desde la universidad, hacia los cuatro costados, ¿qué hay?, ¿qué tienen?, ¿cómo está?, ¿qué pueden hacer? Esa es su Valledupar, su ciudad, el lugar en donde vive, en donde ama, goza, ríe, llora, sufre, su ciudad, nuestra ciudad.
Entonces, será que todos nosotros seremos capaces de hacer de nuestra ciudad el mejor vividero del mundo y no porque tengamos el Festival, el Guatapuri y las parrandas bañadas con alcohol sino porque vamos cambiando lo malo y feo por lo bueno y bello? Cada uno de nosotros tiene su propia respuesta y tendrá su propia ciudad. ¿Cuál?
gepiro1@hotmail.com
Germán Piedrahíta R.