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Rafael Humberto Frías Mendoza
Rafael Humberto Frías Mendoza
Los engaños de la adulación detrás del trono y las camarillas del poder
08/07/2008

Las influencias nocivas reinan por doquiera en nuestro medio, especialmente en la administración de la cosa pública local o regional, donde naturalmente a los mandatarios les gustan las personas consecuentes que los quieren, que los admiran reverencialmente, que los elogian con frecuencia, que le inspiran confianza y además, representan sus mismos intereses. Finalmente, cada torero torea con su cuadrilla dice el viejo adagio popular.

La adulación, los favores y los cumplidos frecuentes tienden a ganarse a la gente, llámese administradores públicos o privados, políticos o empresarios. Pero, ni mucho que queme al santo ni poco que no lo alumbre, porque muchísimas veces se han visto dirigentes elegidos popularmente que pasan inadvertidos por los cargos y terminan administrando en la sombra, otros personajes impopulares e irreverentes que a base de dulces lisonjas y suaves palabras, se roban la atención del incauto mandatario y lo convierten en un miope, y esa miopía le impide ver la inmensidad de errores que se esconde detrás de esos seguidores y colaboradores que le esconden la verdad y que solo le son fieles a sus propios intereses particulares, poniéndolos por encima de los intereses generales.

Sin embargo, ser arrastrado por sus seguidores hacia los engaños de la adulación no es la única forma de influencia de la que deben cuidarse nuestros mandatarios, porque muchas veces la influencia de los seguidores toma la forma más sutil y agradable de congraciarse, ya que la mayoría de las personas aprende muy pronto en la vida que una buena forma para que las personas lo quieran a uno, es mostrar que uno las quiere a ellas y como es natural, a nuestros gobernantes les gustan las personas que los quieren y defienden, que nunca los contradicen, con capacidad de sacrificio y bien mandaos y son más propensos a dejarse influenciar por quienes de veras los aprecian.

Pero hay quienes utilizan la destreza personal para lograr congraciarse con los gobernantes hasta persuadirlos y así, sacarle partido a su relación para promover sus intereses personales a veces a expensas de otros dentro y fuera de la administración, sacrificando muchas veces a quienes podrían hacer un significativo aporte al desarrollo social y económico del territorio y de la patria.

Son muchos los mandatarios que se han ido al traste porque la melodía más agradable a su oído es la adulación y el elogio, subiéndose en la nube del poder de la que nunca desearían bajar, olvidándose que un éxito inmerecido es como una medalla encontrada y que los aguijones ayudan mas que las caricias, ante lo cual cada gobernante debe reflexionar sobre como responde a la adulación y a las criticas y ante todo, a ese pueblo que le toca recibirlo en sus brazos cuando le toque bajarse de esa nube.

Indudablemente que todo el que administra y gobierna esta propenso a ser engañado, inclusive por su misma gente y por sus más fieles seguidores, no existe un medio que garantice que esto no ocurrirá. Pero, si el gobernante delega pero no abandona lo que delega, se cerciora de que la gente discrepa, cuida a los que le dicen la verdad, le hace caso a su intuición y mantiene la mirada firmemente puesta en la visión y los valores de su empresa, seguramente su dirección será más sabia y acertada.

Vale la pena recordarle a nuestros mandatarios las palabras del caricaturista Hank Ketchum: “La adulación es como la goma de mascar. Disfrútela, pero no se la trague”. Solo así, se mantendrá a distancia los poderes detrás del trono y las camarillas del poder o grupos claves que no se encuentran en ningún organigrama y que solo existen en la mente y el corazón de la gente y que a criterio del ciudadano corriente por haber caído en los excesos del poder, es mucho el daño que le han hecho a la administración pública local y regional.

Rafael Humberto Frías Mendoza

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