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Marlo Molina Mojica
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Ser minusválido, un pecado sin perdón
07/07/2008
Ser minusválido no necesariamente quiere decir que la persona sea dependiente de otros a nivel emocional, físico o económico, sólo se necesita que las instituciones tengan una mente más abierta pues una gran porción de la población minusválida sufre de algún tipo de discriminación por su condición.
Lo cierto es que cuando escuchamos el término minusválido, automáticamente y gracias a un paradigma equívoco nos imaginamos una persona completamente inútil, sin poder desempeñarse por sí.
En la mayoría de los casos no es así pero a veces parte de esa falta de manejo por sí misma obedece a los múltiples impedimentos que nosotros los no inválidos les colocamos en el camino. Un poco injusto de nuestra parte, pero solo un poco nada más.
Quienes hemos tenido la fortuna de crecer libres de cualquier dificultad física que nos pueda afectar, rara vez lo agradecemos. Imagínese solo por un momento que carece de su capacidad para desplazarse sin dificultad, ¿cómo haría usted para subirse a un bus?, ¿qué tal subir escaleras?, ¿cómo atenderíamos una necesidad fisiológica si no existen baños públicos?, ¿cómo entraría a un edificio en silla de ruedas?, cuantas más actividades de nuestro diario vivir que resultan inpersectibles, sencillas para nosotros pero para alguien minusválido es todo un viacrucis.
la reflexión sólo es para que tengamos solo una pequeña idea de lo que significa no adecuar nuestras estructuras y cambiar nuestra mentalidad frente a las necesidades de los menos favorecidos, gentes que están dispuestos a ganarle a la lucha a la vida, con capacidades suficientes para salir adelante, aunque nosotros les pongamos mas piedras en el camino.
En mi época en la universidad alcancé a conocer un joven que se desplazaba en muletas, al parecer por razones congénitas, por buena fuente sé que todavía está en esa Universidad; lo cierto es que resultaba incómodo ver como ese Campeón subía hasta un tercer y cuarto piso en muletas para recibir clases, con la fortuna que a veces el profesor no llegaba. Semejante esfuerzo, ¿le parece poco? Claro que habrá quien diga que no hay plata para un ascensor, pero sagradamente le reciben su pago por el semestre. ¡Qué tal!
Bravo por las entidades oficiales y privadas que ya han adecuado sus zonas de acceso, aunque todavía la vieja escuela de enseñar con palo persiste entre nosotros, pues por iniciativa de unos cuantos, incluso hasta foráneos, se ha logrado que a muchas instituciones se les obligue vía Acción Popular, a hacerlo; pero que me dicen del lugar donde se encuentra el Juzgado Sexto Civil Municipal, para los que no saben, éste se encuentra en el tercer piso de un edificio diagonal al Casino del DAS, como podrá una persona minusválida llegar a ejercer su derecho al Acceso a la Justicia, o que tal entrar a la Casa de la cultura a ver una exposición de arte, por donde subir en muleta, caminador, silla de ruedas; me pregunto ¿será que no tienen derecho a disfrutar del arte?, que me dicen del Cine, Dios permita que en el centro comercial de Plaza Guatapurí, prevean esta necesidad en todas sus galerías.
Sólo a manera de prevención para que después no digan que no lo sabían, a partir del próximo año todos los lugares abiertos al público deberán tener vías de acceso para los minusválidos.
De acuerdo con la Ley 361 de 1997 que establece criterios básicos destinados a evitar y suprimir las barreras urbanísticas y arquitectónicas en el diseño y construcción de vías, espacios públicos, mobiliario urbano y en la construcción, ampliación o adecuación de edificios de uso público y vivienda, de forma que resulten accesibles para las personas; en especial a personas con movilidad reducida.
Mientras tanto, ser minusválido continúa siendo un pecado sin perdón.
Marlo Molina Mojica