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Valledupar,
Aquilino Cotes Zuleta
Aquilino Cotes Zuleta
Opinión del 29/06/2008
Miscelánea de un retorno…
¡Cuidado con los ladrosicarios!
07/07/2008

No podía faltar a la invitación que gentilmente me hicieron mis consejeros periodísticos, Tío Chiro y Tío Nan, a la casa de nuestro amigo en común, Hernando Osorio.

Pero confieso, con la aquiescencia del padre Enrique Iceda, que nunca pensé encontrar allí, sentado y riéndose a carcajadas a su colega Adalberto Alvear. Lo primero que pensé fue que Tío Chiro les estaba contando uno de esos chistes que aprendió cuando estudiaba Odontología en la Universidad Nacional, carrera que no terminó por asuntos que no debo inferir hoy.

Ese mediodía, el sábado anterior, me sentí emocionado por saber que estos dos connotados profesionales de la salud (Osorio y Alvear) además de estar tertuliando, eran amigos de Tío Chiro y Tío Nan.

El mediodía pasó rápido, sin muchos apuros y con muchas complacencias. Fue un honor que muy pocas personas tenemos a veces, de compartir con los amigos.

Luego vino la despedida de abrazos y palmaditas en la espalda… y vuelvan por aquí y mucho juicio, etc. hasta salir de la casa. A mis consejeros periodísticos los notaba cálidos, contentos y risueños. Y es que ambos son tan pícaros en sus muecas que hasta miedo me dan.

Después de todo, consideré que mi presencia en casa de Hernando Osorio había sido improcedente porque Tío Chiro y Tío Nan me habían dicho que se trataba de una reunión para que les sirviera de consejero en la conformación de un proyecto.
Pero no fue así. Ellos cuatro –porque yo permanecí callado- hablaron de muchos temas trascendentales y yo ahí, escuchando sus inquietudes como buen periodista.

El cirujano maxilofacial Osorio caminó caballerosamente para abrir la puerta de la calle, pero Tío Chiro se le adelantó y le dijo: “tranquilo doctor, no se apresure, yo lo hago”. Al mismo tiempo, metió su mano derecha a su pretina y sacó un revólver calibre 22, de dos tiros, que en sus años mozo le había regalado de cumpleaños un Coronel del Ejército.

Con el arma en la mano abrió la puerta y como si viviese en el oeste y como un buen pistolero enseñó primero el arma y luego poco a poco, agazapado, sacó todo su cuerpo.

Oí qué dijo secamente: “Podemos salir seguros”. Les cuento que a mi se me subió la presión a mil. Nunca había visto a Tío Chiro tan malicioso y prevenido.

Pero al unísono escuché la voz tenue de Tío Nan: “Desde que Uribe desmovilizó a los paracos mi compadre vive de zozobra en zozobra, pendiente de que no le roben su celular o que le vayan a pegar un tiro para quitárselo”.

Pero al subirnos al carro de Tío Chiro el susto fue mayor, porque como si fuera un bólido Tío Nan saltó casi 2 metros y en un parpadear de ojos encuelló a un joven que corría por la acera con un bolso de una mujer en la mano.

Miré hacía los lados y vi en la esquina a un Policía hablando por celular, mientras una señora le insistía en que capturara a una muchacha que segundos antes la había atracado. “Déme el nombre de la atracadora y la dirección de su casa”, escuchó Tío Chiro que le dijo el Policía.

Metros más adelante Osorio y Alvear corrían despavoridos hacía el centro de Valledupar en busca de ayuda, porque un motociclista y su parrillero los perseguían para quitarles los maletines en donde guardan sus equipos profesionales.

Mientras tanto, Tío Nan miraba perplejo como otra pareja de jóvenes atracaban a los dueños de la casa del frente.

Entre tanto, se desarrollaba la transmisión de Mando del Comandante de la Policía del Cesar, en la mítica plaza ‘Alfonso López Pumarejo’ y el saliente condecoraba al entrante y viceversa, justificando “…la satisfacción del deber cumplido a favor de la ciudadanía de bien…”. hasta pronto. El lector si desea comunicarse con mis consejeros periodísticos escribirles al siguiente correo electrónico: tiochiro@hotmail.com

Aquilino Cotes Zuleta

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