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Julieth Carolina Araujo Ovalle
Julieth Carolina Araujo Ovalle
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Son muchos los puntos de nuestra crisis territorial
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Los alzados en armas, tal vez, antes podían guardar la esperanza de tener posibilidades reales para participar de manera válida y por canales democráticos en la vida política del país, presentar, defender sus ideales, que de haber existido realmente, perdieron su norte.

La ambición de poder los llevó a querer ser única autoridad y reemplazar al Estado. Durante su existencia han querido evitar que el sistema político se consolide y que adquiera legitimidad democrática.

Su estrategia subversiva siempre ha sido destruir uno por uno los pocos o medianos cimientos que pudieran logra el precario sistema político. Adquirieron poder económico y cada vez se les hacía más fácil descalificar el Estado.

Fueron tres años de despeje y sin duda mientras duró esta zona de distensión, sumaron elementos para reconocerlos como fuerza beligerante.

Solo diez años después de esto Colombia perdió el riesgo de dicho reconocimiento y que se consolidara una nueva entidad territorial con principios socialistas revolucionarios logrando que las Farc fueran considerados terroristas...pero el fenómeno subversivo aún subsiste.

Si el objetivo de las Farc fuera buscar soluciones y claves para renovar el sistema político de tal manera que el poder no se centrara en unos cuantos que defienden sus propios intereses, ya lo hubieran conseguido. Para alcanzar algo se necesitan objetivos claros, metas fijas sin variables, hago alusión a Edén Pastora, comandante cero, y líder da la revolución en Nicaragua, perseguía un objetivo en el que estaba ante todo la soberanía nacional, la finalidad del Sandinismo era una democracia social. Pensamiento totalmente desvirtuado por las Farc, con el secuestro.

Nunca olvidaré cuando en una de las pocas veces que pude compartir con Pastora, me contó la vez que en una región de Teotecacinte, en la margen Nica del río Potec, secuestraron a un norteamericano por no querer darles unos fusiles que ellos necesitaban para su frente y haberles contestado que él no mantenía guerrillas.

Aquél hombre les ofreció 40 mil dólares por su libertad y ellos aunque al comienzo les pareció la idea, agregándome en su relato seguramente para justificarse, que en la guerrilla es difícil sobrevivir sin dinero, no accedieron porque ellos, como él dice, ¡no son bandidos!, cuando lo dejaron ir después de tres meses el norteamericano por poco se queda allí. En posteriores entrevistas televisivas manifestó su aprecio y afinidad con ellos.

La misión Sandinista era derrotar a Anastasio Somoza del poder y no se desvió por el vaivén de las situaciones. 
 No sé si es que los alzados en armas no se han dado cuenta que cada vez defienden un interés más lejano que el inicial.

Ahora su preocupación no es luchar por lograr uno solución negociada del conflicto, donde hubiese cabido tal vez, la posibilidad de su reinserción al sistema político, en aras de renovación, sino ahora se tienen que conformar con pedir canjes entre sus rehenes y los guerrilleros presos, ratificando lo evidente de su debilitamiento. A este comportamiento agreguémosle el de los paramilitares, que también decidieron coadministrar al Estado, para supuestamente así, vigilar y controlar que todo funcionara y el dinero de este no se desperdiciara. Terminaron olvidándose de sus cargos de 'veedores' para convertirse en asesinos y narcotraficantes.

 La política de Seguridad Democrática ha conseguido de una u otra manera parte de la legitimidad democrática, pero para que logremos convertirnos en un Estado completamente legítimo aun nos falta mucho camino por recorrer.

 La euforia que nos ocasionó el rescate de los quince rehenes, razón de alegría para todos los colombianos, no es motivo para creer que habiendo vencido esta vez, todo está solucionado, el secuestro es solo uno de los muchos puntos de nuestra crisis territorial, está también la burocratización, la recesión, el endeudamiento, la politiquería, el narcotráfico, entre otros tantos coyunturales, sin poder dejar por fuera los estructurales mencionando como el principal el ordenamiento territorial, ¡empezando por el poder del Estado!

Julieth Carolina Araujo Ovalle

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