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Luis Augusto González Pimienta
Luis Augusto González Pimienta
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Emmanuel: comienzo del final
06/07/2008

Con la inmensa emoción del regreso de Ingrid -no hacen faltan sus apellidos- es ineludible tocar el tema. Aún faltan por escribir muchas crónicas, la novela y el libreto de la película sobre su retorno a la vida. Porque su liberación fue cinematográfica.

No me referiré al proceso libertario, hoy comparado con el Caballo de Troya, que sin duda marca un hito en la historia de los rescates, por incruento, preciso y limpio, así traten de enlodarlo con suspicacias los malquerientes del régimen.

Quiero orientar esta nota hacia la inocente figura de Emmanuel, el hijo de Clara Rojas, que desde la jungla sureña colombiana marcó el camino de la victoria. Esa criatura que al decir de la guerrilla era mitad de la madre y mitad de ellos, nacido en una trinchera, sin el instrumental requerido para una operación cesárea, ni la asistencia de un profesional médico. Para abundar en complicaciones, hijo de una primeriza de cuarenta años.

Y sí, Emmanuel le complicó la vida a las Farc. Jamás imaginaron sus integrantes que la fracasada entrega al presidente Chávez, rodeada de una parafernalia propia del extravagante personaje receptor, marcara el sendero de las posteriores sacudidas que la tienen al borde de la desintegración.

Las huidas del canciller Araujo y del subintendente Pinchao, la muerte de Raúl Reyes, de Martín Caballero, de Iván Ríos, del mismísimo Marulanda (en circunstancias no bien determinadas), la deserción de Karina, son golpes que han diezmado a la guerrilla en lo político y en lo militar. Con todo, no es comparable con la pérdida de credibilidad por el caso Emmanuel. Ese fue, el principio del fin.

De ahí en adelante no han tenido un solo positivo. Pareciera como si la candidez del niño que dieron en custodia en San José del Guaviare, hubiese sido su desventura, el bumerán que regresó para doblegarlos.

Nació secuestrado y en condiciones traumáticas; maltratado en su extracción del útero materno al punto de inhabilitarle un brazo y prontamente separado de su progenitora, apareció en un hogar sustituto de la capital colombiana protegido por el Instituto de Bienestar Familiar. Emmanuel, que significa “Dios entre nosotros”, no podía tener otro nombre. Se salvó por la gracia de Dios y por esa misma gracia empezó a redimirnos.

Si algo desdice de los rebeldes de las Farc es la falta de instrucción de sus cabecillas. Nunca pude entender cómo quince o veinte mil hombres podían estar sometidos a las órdenes de alguien sin educación, que hacía las veces de líder. Ahora, con Cano a la cabeza, se espera un cambio sustantivo en su proceder. Lo que no debe perder de vista el nuevo comandante es la lección que deja Emmanuel: la inocencia derrota a la soberbia.

Termino saliéndome del tema, pero no me aguanto las ganas de decir con cuánto agrado recibí las palabras de Ingrid. Centrada y madura. Ahora sí, está lista para grandes destinos.

Luis Augusto González Pimienta

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