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Luis Rafael Nieto Pardo
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ABOGADOS EMPÍRICOS
06/07/2008
Por nuestra ya larga experiencia hemos aprendido que los hombres que han estado antes en la cárcel se convierten en lo que llamamos “abogados empíricos”. Son como pacientes que engañan a los doctores tirando la medicina en el inodoro.
Durante el tiempo que duran en prisión se equipan con todo lo que ellos creen que constituye la jerga legal. Muy raras y contadas veces confían en sus abogados. Casi por regla general le dan a su defensor una versión de los hechos con la que esperan convencerlo acerca de su inocencia y una vez que el abogado queda convencido, estos individuos esperan que el togado pueda convencer al Juez. La psicología del criminal es sumamente peculiar.
Un criminal avezado jamás le dirá la verdad a su abogado, sospechando que este lo venderá a la policía. O bien cree que si su defensor se entera que es culpable no se esforzara tanto en defenderlo.
Debo confesarles sinceramente que después de más de treinta años de experiencia, la mentalidad de los criminales todavía me deja perplejo.
A estas alturas muchos de ustedes amigos lectores se estarán preguntando: Bueno y suponiendo que el defensor, después de hablar con el imputado comprende que este es culpable sin lugar a duda. ¿Debería rehusar su defensa?
Pues la respuesta franca y categórica es no. La profesión de abogado tiene ante todo un código de ética, es decir, nuestro código moral; y según él, un abogado, sobre todo si es Defensor Público, tiene la obligación de aceptar la defensa de una persona acusada de un crimen, independiente de su opinión personal acerca de la culpabilidad del acusado.
Si así no fuera muchos inocentes víctimas sólo de las apariencias podrían verse no justamente privados de una defensa técnica apropiada. Honestamente pienso que sólo enfrentado a una situación en que descubriera que tanto el imputado como su familia me han mentido desde el principio, ni la ética ni la Ley ni el contrato de prestación de servicios me obligaría a seguir ejerciendo la defensa en vista de lo que resulta aparente.
Valga la oportunidad para registrar nuestras sensibles notas de condolencia de toda la familia defensorial y este importante medio de comunicación a las familias Lobo Neira y Lobo Lozano por el lamentable deceso el pasado domingo en la ciudad de Bogotá del Doctor Jorge Lobo Neira, Jorgito, como cariñosamente le conocíamos. El Doctor Jorge era un distinguido Ingeniero Civil; deja viuda y muy triste a nuestra querida y siempre respetada colega y amiga, Doctora Carmen Lozano, ex Directora Regional de la Defensoría y hoy alta funcionaria de la misma en Bogotá.
De verdad que le hará mucha falta a ella y a todos sus familiares y amigos, porque Jorge era un hombre religioso, decente, respetuoso de la Ley, que odiaba el crimen y los criminales como los odian todos los buenos ciudadanos.
Por lo demás, estoy seguro que llegó a ser un hombre perfectamente feliz, viviendo con la Doctora Carmen, a la que mucho quería. Era una de esas personas a las que acude uno siempre en busca de consejo. Ella era su guía, su ídolo, su vida entera. En fin, era un hombre reposado, pacifico y decente que se ganó el respeto de todos. Paz en su tumba.
Luis Rafael Nieto Pardo