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Leovedis Elías Martínez Durán
Leovedis Elías Martínez Durán
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‘LA CUEVA’
06/07/2008

A raíz de mi columna del pasado domingo veintinueve de junio he recibido llamados de atención de dos buenos amigos: el primero, el doctor Gustavo Hinojosa Daza, otorrinolaringólogo de profesión y radicado hoy en la ciudad de Medellín; el segundo, del periodista y abogado Carlos Quintero Romero, quines me rectifican y afirman que el primer bar con aire acondicionado en Valledupar, ‘Bar Frío’ lo llama el doctor Hinojosa, fue ‘La Cueva’.

Me dice el doctor Hinojosa, y yo le creo, que “el primer bar frío que yo recuerdo se llamaba "La Cueva", mentidero de cazadores barranquilleros como los Cuenca, arroceros padre e hijo; Mister Kurt Hagenmuller, Millón, Zarrazúa, etc. El Maestro Escalona y Colacho aterrizaban allá de vez en cuando.

“Era un salón grande con Aire y mucho humo de cigarrillo. El administrador creo que era Rodrigo Ustáriz. En la sala tenían un cuadro conmemorativo del día en que el Doctor Juan Pavajeau, el más virtuoso de los vallenatos, se tomó allí uno o dos tragos.

“Estaba situado en una casa de segunda frente al Hotel Sicarare y el Banco Ganadero, los cuales no existían para la época. En el local donde se construyó tiempo después el [hotel] Vajamar, funcionaba un almacén de repuestos, distribuidora de jeeps Willis y maquinaria agrícola de Leonidas Lara e Hijos, gerenciada por mi cuñado Álvaro De Castro A., entre el almacén "Los Barranquilleros" y el Bar de Marcelo (Mambo Bar o Rey de los Bares).

Quizá otro jubilado desocupado se acuerde de estas cosas. Saludos a Claudio. Un Abrazo.- Gustavo Hinojosa D.”

En otro correo me dice: “El lugar, un salón no muy grande, quedaba en toda la esquina, donde ahora hay un Banco. Frente al no existente Hotel Sicarare, un lote extenso de los Quintero o los Villazón; éste sí frente a Newman donde está ahora el Banco de la Republica y vecino patio con patio con el Sr. Nehemías Armenta. No recuerdo quién era el propietario, fecha aproximada del 60 al 63; se escuchaba música antillana, boleros, Lucho Bermúdez y Pacho Galán. No había muchas grabaciones en acordeón. Mi cuñado De Castro no recuerda bares con aire cercanos al Almacén, pero tampoco precisa fechas. Mi querido y viejo compadre Toño Baute tiene más información. La mayoría de los contertulios de este acogedor barcito reposa unos metros más allá, en la misma acera: el Cementerio Central. Para estas fechas estaba de moda el Café La Bolsa. Le sugiero localizar al compadre Baute; si él no sabe, inventa. Como buen cazador. Un abrazo y a la orden”.

Me llama Carlos Quintero, “el agraciado”, me dice que el bar “La Cueva” fue el primero con aire acondicionado en Valledupar; me confirma que su propietario fue Rodrigo Ustariz, quien es técnico en aires acondicionados, lo cual me consta, y trajo a Valledupar unos aires y montó el bar en la hoy carrera novena, al lado del local de la esquina que forma con esa carrera la calle dieciséis, donde funcionó después la “Tapicería Medellín”, y hoy varios locales comerciales.

Está seguro Carlos de que “La Cueva” funcionaba por el año mil novecientos sesenta y cinco, lo que dice recordar porque en ese año, estudiando él en Zapatoca, le llamó su tío Claudio Quintero, quien quería enviar a su hijo Eloy para Zapatoca, y le invitó a entrar a “La Cueva”, siendo la primera vez que entró a un bar con aire acondicionado.

Debo advertir que si bien conocí el Almacén y Sastrería Rear, no alcancé a conocer ni el “Marabá Salon” ni el bar “La Cueva”, razón por la que trato de indagar con personas que vivieron la época y se la gozaron en esos lugares.

Por esa razón es de invaluable valor la contribución del doctor Hinojosa y ojalá sean muchas las personas que me colaboren en este intento de reconstrucción de nuestra historia reciente, teniendo por tal la referente al siglo veinte.

Pero antes debo aclararle al doctor Gustavo que el Marabá no pudo coexistir con la agencia del Leonidas Lara e hijos porque todo indica que existieron en épocas diferentes.

Como el que no oye consejos no llega a viejo, busqué a Toño Baute y a Rodrigo Ustáriz, testigos de excepción, pero lo que me dijeron se los contaré en una próxima columna.

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Leovedis Elías Martínez Durán

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