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José Gregorio Guerrero
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Este es el momento para firmar la paz
04/07/2008
Las Farc acaban de recibir el golpe más contundente de su existencia. Fue víctima de su propio invento, bañada con el adobo de su misma salsa.
Les han tocado lo más íntimo que puede tener una organización poderosa, la inocencia del niño que lleva por dentro. Ni la muerte de Marulanda, mucho menos la de ‘Raúl Reyes’, ni los últimos acontecimientos entre ellas la mano de ‘Rojas’, fue tan certera como la encerrona que les hicieron a dos mil 500 pies de altura por parte del Ejército Nacional.
Esta hermosa partitura de inteligencia, donde con la más sofisticada malicia indígena les fue arrebatado el ramillete de secuestrado a los señores de las Farc, le deja claro al mundo entero los adelantos que han tenido las fuerzas de seguridad en Colombia.
Para mi concepto más que inteligencia colombiana, el veneno que los está matando lentamente es la falta de comunicación entre el Secretariado y los desmantelados frentes que quedan.
Fue esta la puerta que dejó abierta la organización al margen de la ley y por donde está entrando con facilidad el Ejército Nacional. Háganse el cargo que un Presidente de la República no pueda tener ningún tipo de contacto con sus ministros o que el Gerente de una Multinacional no pueda dar instrucción a su grupo de trabajo porque no sabe en qué lugar se encuentran: estarían al borde de una catástrofe interna y estarían servidos en bandejas de plata a los antojos del enemigo.
Cuando un navegante naufraga más de dos veces, es imposible culpar al mar. Los errores en los que han incurrido estos señores en los últimos años es el resultado de una presión continua que transita entre la improvisación y el desespero. Queda claro que de ese monstruo que irradiaba temor y respeto sólo queda la opaca intención de un indefenso rebelde acéfalo y desmembrado cuerpo al borde de un abismo negro.
Es por eso que los señores del Secretariado tienen una dicotómica salida: o se resignan a ser actores de los anales de la historia como mártires de guerra o los retiran de la guerra con el rabo entre las piernas para que al menos la historia lo recuerde como mártires y victimas de sus “ideales” que azotó por años a un pueblo indefenso.
El momento clave para brindar una catarsis por parte de la sociedad colombiana son los dos meses siguientes, pues la sensibilidad del pueblo está en carne viva. De lo contrario seguirán llegando los pocos que quedan en bolsas negras de basura. Que por cierto sería muy doloroso. El hecho de que se ahoguen en sus propios errores no los exime de ser colombianos, hermanos nuestros, hijos de un mismo hoyo placentario.
Queda claro que el favoritismo de Uribe se disparó, es el pueblo quien lo pide y la voluntad de un pueblo está sobre todas las cosas excepto la voluntad del jefe de los ejércitos del mundo- Dios-, ningún cuerdo con tres dedos de frente y un sentido común en buen funcionamiento se le meterá a esta aplanadora y ahora le coloca el ‘moño rojo’ con esta escena de paz donde se rindió el mal sin derramar una gota de sangre.
Colombia que ha sido una madre sufrida, que ha visto morir violentamente a muchos de sus hijos, hoy después de ver el dolor de su sangre se merece que le llegue la paz.
Los señores del Secretariado son seres de otro material, han pisados universidades, han saboreado la academia y saben que intelecto y poder son ingredientes fundamentales de una vida muelle. Tienen una familia que los necesita, un país que los espera con los brazos abiertos, sí, como lo está viendo, con los brazos abiertos, porque si el valor de la paz es el perdón, nos está saliendo barato.
¿Se imaginan si se firma la paz en Colombia? Al día siguiente todo será diferente, los violentos ya no serían los guerrilleros ni los paras, los nuevos violentos pasarían a ser los corruptos y la clase politiquera que se está comiendo a Colombia, no a bala, pero si a diente, diente de mala fe, esos que secuestran presupuestos y matan las ilusiones de los pueblos, autores de la violencia económica.
Es por eso que el inicio de la paz en Colombia es elegir bien a los futuros congresistas de Colombia. Lo digo hoy, está cerca ese gran día, es más… Huele a paz.
josegregorioguerreroramirez@hotmail.com
José Gregorio Guerrero