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Raúl Bermúdez Márquez
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La decencia política merece una oportunidad
26/06/2008
Son muchas las concepciones que a través de los siglos se han formulado sobre la política. En el mundo clásico, Aristóteles analizó las ciudades (polis) griegas en su obra “La política”. En ella, el ciudadano está sujeto a una autoridad pero al mismo tiempo participa en las asambleas.
El hombre se puede considerar un animal político que se socializa. La política es una actividad inherente a la naturaleza humana. En la Edad Media, Tomás de Aquino tenía una visión teológica de la política. Ésta se entendía entonces a partir de los supuestos del cristianismo.
En el siglo XVI Maquiavelo, en “El Príncipe” rompía con la visión medieval y presentaba el Estado como principal forma de organización política. La política rompía con la moral. Era una visión vertical y jerarquizada. Otras acepciones conciben la política como el "ejercicio del poder" en relación a un conflicto de intereses.
Son famosas las definiciones fatalistas de Karl Schmitt de la política como juego o dialéctica amigo-enemigo, que tiene en la guerra su máxima expresión, o de Maurice Duverger, como lucha o combate de individuos y grupos para conquistar el poder que los vencedores usarían en su provecho. Una perspectiva opuesta contempla la política en un sentido ético, como una disposición a obrar en una sociedad utilizando el poder público organizado para lograr objetivos provechosos para el colectivo. Así, se puede entender el término de política en la actualidad, como la actividad de quienes procuran obtener el poder, retenerlo o ejercitarlo hacia un fin común.
Desde una perspectiva moral, la política debe ser vista como una de las actividades más nobles del ser humano ya que implica una labor de servicio y desprendimiento hacia el pueblo. En Colombia, y en general en la América Latina, la política ha sido falseada por lo que se conoce como “clientelismo político”. En esta deformación los bienes públicos no se administran según la lógica imparcial de la ley, sino que bajo una apariencia legal se utilizan discrecionalmente por los detentadores del poder político; normalmente se corresponde con la concurrencia de conductas jurídicas punibles como el peculado o el prevaricato. Lo mas grave, es su institucionalización, —en el sentido sociológico del término— como patrón regular de interacciones.
El clientelismo es conocido, practicado y aceptado por los actores (O'Donnell: 1997) como un sistema extraoficial de intercambio de favores, en el cual los titulares de cargos políticos regulan la concesión de prestaciones, obtenidas a través de la función pública o de contactos relacionados con ella, a cambio de apoyo político.
En el país, han sido muy contados los experimentos realizados para proscribir esta práctica. Enrique Peñalosa, Antanas Mockus, Lucho Garzón y ahora Samuel Moreno, como alcaldes de Bogotá, han dado ejemplo de cómo se puede gobernar sin ataduras. Y los resultados están a la vista: la capital colombiana ha sufrido un proceso de transformación como ciudad, digno de emular por otras metrópolis en diferentes puntos de la geografía terrestre.
Claro, fueron mandatarios que lograron su elección por el ejercicio del voto libre de opinión. Cristian Moreno, gobernador del Cesar, también llegó al cargo en virtud de la voluntad libre y soberana de mas de 150.000 cesarenses que definimos que él constituía la mejor opción para regir por cuatro años los destinos del Departamento.
n consecuencia, Cristian cuenta con ese requisito fundamental para gobernar con independencia, con los mejores y con la visión de corresponder a la confianza que esa masa crítica le depositó un día de octubre del año 2007.
Por eso, no debe claudicar ante las presiones, de cualquier índole. Su punto de referencia central debe y deberá seguir siendo el cumplimiento íntegro de su programa de gobierno, plasmado en el Plan de Desarrollo Departamental, afianzándose y buscando la participación de los sectores populares que lo respaldaron mayoritariamente. Y tiene que ser así, porque en el Cesar, al igual que en el Distrito Capital, la decencia política también merece una oportunidad.
raubermar@yahoo.com
Raúl Bermúdez Márquez