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Gustavo Rodriguez
Gustavo Rodriguez
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En Colombia, los anuncios comerciales en la televisión, por lo general, son malos; salvo contadas excepciones. Sin embargo, como con ellos se paga el servicio de la transmisión, entonces el televidente tiene que aceptarlos y hasta termina por gozar con algunos de ellos; a menos que cambie de canal.

Pero, dentro de toda esa gama de anuncios comerciales (buenos, regulares, malos y pésimos), hay unos que no solamente atentan contra la estética visual y el sentido común; sino que, además, llaman a engaño al televidente: son aquellos en donde ofrecen premios u ofrecen curar, en un santiamén, cualquier dolencia. En la mayoría de estos anuncios prometen el oro y el moro. Sin embargo, en la parte inferior de la pantalla del televisor, aparecen las restricciones del concurso o las contraindicaciones del medicamento ofrecido.

“Y ¿qué tiene de malo que aparezcan las restricciones o las contraindicaciones? Al contrario, muy bueno y muy honesto por parte del anunciante, mostrar las susodichas restricciones y las contraindicaciones, si las hay”, dirá alguien desprevenido o ingenuo.

No, no es bueno y mucho menos es honesto el anunciante. Por el contrario, en esos casos, el anunciante es deshonesto; porque las restricciones o las contraindicaciones, permanecen tan poco tiempo en la pantalla del televisor y, además, las muestran en un tamaño de letra tan pequeño, que es difícil leerlas; más aún, últimamente, algunos anunciantes no las dejan fijas, sino que las pasan por el sistema de banda sinfín; es decir, las palabras se despliegan por la pantalla del televisor y, si al tamaño menudo de la letra, le agregamos la velocidad del despliegue o la corta duración, si son estáticas, vemos que se cumple el nefando objetivo buscado por esa clase de anunciantes: que el televidente no las pueda leer.

“Pero, todo esto, ¿qué tiene de malo?”, preguntará nuevamente el desprevenido o el ingenuo.

Pues, que ahí es donde salta la liebre del fraude, porque si usted, amable lector, se gana uno de los premios ofrecidos y le aplican las restricciones de marras, sencillamente no se lo entregarán y, usted, no podrá reclamar, ni siquiera ante un juez, porque el anunciante demandado, se escudará en las restricciones que aparecían en el anuncio del premio y, si usted no pudo leerlas, pues de malas; ese es su problema.

Otro tanto ocurrirá, si usted compró el medicamento sanalotodo y no le sirvió o, peor aún, se enfermó más. No habrá oportunidad de demandar al anunciante, porque, nuevamente, las restricciones saldrán en defensa del anunciante tramposo.

Entonces, ¿cuál es la solución? Pues, ya que la Comisión Nacional de Televisión, que es la encargada de vigilar estos aspectos y, por tanto, proteger al televidente, pero ella pareciera tener como única misión la de batir el incensario ante las instituciones gubernamentales, a través de mensajes mentirosos o, en el mejor de los casos, inocuos, le tocará, entonces, a algún tribunal jurídico tomar el toro por los cuernos y ordenar que todas las restricciones a los premios y las contraindicaciones a los medicamentos, mostrados por la televisión, aparezcan en el mismo tamaño de letra del anuncio comercial y permanezcan estáticos, el mismo tiempo que dure éste. Más aún, deberá ser obligatorio, indicar cuáles son las susodichas restricciones o las contraindicaciones, según sea el caso. Así, el televidente no se llamará a engaño y sabrá a que atenerse, si desea concursar o si quiere adquirir esos remedios.

Y, entonces, si gana y no aplicó en el tiempo o no cumplió los requisitos exigidos en las restricciones, pues no podrá reclamar, ya que lo hizo a sabiendas de que estaba por fuera de los requerimientos. De igual manera, si adquirió el medicamento anunciado en la televisión y éste no le sirvió o lo perjudicó, pues el anunciante salvará su responsabilidad, pues las advertencias correspondientes eran muy claras y el televidente tuvo forma de conocer las limitaciones o las contraindicaciones del medicamento. Y, así, ya nadie podrá hablar de anunciantes deshonestos y tramposos.

P. S. * ¿Por qué el gobierno lucha denodadamente para oponerse, aún después de aprobada por el Congreso, a la ley de ayuda a los desplazados, víctimas de la violencia originada por guerrilleros, paramilitares y el mismo Estado, mientras que, por otro lado, Uribe ha ofrecido protección, a través de subsidios, alivios tributarios, bonos, etc., a los empresarios para que no se vean afectados por la devaluación del dólar? Porque no se puede hablar de revaluación del peso, ya que si ésta se produjera, se supone que significaría un mayor poder adquisitivo de nuestra moneda y, esto último no está ocurriendo; pues, el peso colombiano cada día se envilece más.

Gustavo Rodriguez

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