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Jose M. Aponte Martínez
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Pecado venial o sacrilegio
19/06/2008
No hay que confundir el totumo con el aguacate, la mazamorra con el sancocho, la chicha con la limonada, el gato guisado con el conejo en la misma forma, el coclí con la gallina criolla, el filete de róbalo con el de pacora, el carita con la sierra y la chilapia roja con el pargo del mismo color, el bagre pintao con el blanquillo o el chirrinchi tridestilado con el Old Parr, aunque el empaque sea el mismo. Una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa.
Los escritores, especialmente los poetas y novelistas gozan del privilegio de utilizar a su antojo una figura que es una franquicia o libertad a veces libertinaje literario que consiste en quitarle o agregarle letras o sílabas a las palabras; lo hacemos para elegantizarnos algunos y para hacer alarde de erudición otros, pero lo hacemos porque es permitido gramaticalmente, especialmente los poetas “que sacrifican un mundo para pulir un verso”. Eso no es arcaísmo, arcaísmo es otra cosa de lo cual nos ocuparemos en la próxima columna.
Analicemos esta frase: Ayer, no más, el otrora aguerrido y temido Millos, el inigualable equipo de mi primo hermano el Ñecoski, que a fuer de contratar malos jugadores, ha tiempo debe de estar en la “B”, no ha tenido el castigo merecido, pues no lo han descalificado a tiempo y algunos de sus directivos deben de hacerle el fa’.
Es la misma pero con aclaraciones: Ayer, nada más el en otra hora u otro tiempo aguerrido temido Millos, el inigualable equipo de mi primo hermano el Ñecoski que a fuer de contratar malos jugadores hace tiempo debe de estar en la “B”, no ha tenido el castigo merecido, pues no lo han descalificado a tiempo y algunos de sus directivos deben de hacerle el favor.
Lo que no es permitido nunca es cometer errores de ortografía, pues ella es inalterable y sagrada; vaca, es la que da leche y baca, es otra cosa de los automóviles y carruajes o diligencias y por eso cuando escribo el giro “tiempos ha debe estar la B” tengo razón y no la tiene quien de buena fe y por falta de conocimientos resolvió mutilarla y dejar “ha” sin h, quedando ACE, que creo que es un detergente venezolano.
De verdad me gustaría conocer el pensamiento de los doctores y doctos en la materia Anibal Martínez Zuleta, Alfonso Araujo Cotes, los Hermanos Palencia, el filósofo Rodrigo Aarón Medina, el poeta y decimero José Atuesta Mindiola, el folclorista y costumbrista Julio Oñate Martínez, el escritor e investigador Tomás Darío Gutiérrez, los abogados Jaime García, el Nene González y Monseñor Rodrigo López, el historiador Álvaro Castro, las autoridades, porque yo se que lo son Orlando Torres, Franco Solano, Will Pimienta Morón, Carlos Alberto Atehortua y Nando Mendoza y todo el que quiera y le guste el tema y lógicamente que no puede faltar mi paisana y parienta Mary Daza Orozco; los invito a que departamos alrededor de un tinto y una almojabana pacifica, que es la mejor “pega” que tiene un buen café, sobre estos temas, para mí muy importantes e inocuos para otros. El sitio puede ser, sin consultarlo lo hago la oficina del Doctor Martínez Zuleta por lo acogedor, amplio y cómodo y porque sé que él si valora esta clase de actividades intelectuales.
El espacio se acabó, pero desde ya estoy investigando y ampliando mis conocimientos sobre clásicos, arcaísmos, neoclásicos y costumbrismo y por este medio los divulgaré para que los que no saben aprendan y los “que conocen los temas y no sufren de engaño” de pronto los amplíen o contradigan, pero eso sí arcaísmos y costumbrismos no son igual y menos los giros gramaticales utilizados en la libertad que tenemos de hacer lochas y panochas en determinadas circunstancias y por eso El Quijote es la obra cumbre de la literatura hispana traducido al inglés, al francés, al alemán, al ruso, al portugués y a cuanto dialecto existe en el mundo, el más vendido y es un sacrilegio decir que es una obra arcaica, que no arcaicista que ya no debe de leerse por estar en desuso.
Eso es un pecado venial si se dice por desconocimiento, y un sacrilegio si se hace creyendo que se es dueño de esa absurda verdad, y desde ya oigo comentarios que deben de ser dirigidos a este diario.
Jose M. Aponte Martínez